Si cada civilización tiene sus héroes que encarnan valores fundamentales como el honor, la valentía, la justicia, la responsabilidad, la humildad o la caridad, en Malasia este paladín es Hang Tuah y su cualidad es la lealtad.
La existencia del guerrero del siglo XV como personaje real o ficticio se ha convertido en un debate recurrente, aunque la mayoría de los historiadores, académicos, escritores y estudiosos que se reunieron en Kuala Lumpur esta semana defendió la primera opción.
“Hang Tuah existió y es el epítome del heroísmo malayo como se ha venido concibiendo en la mente de los malayos durante generaciones”, afirmó el presidente de la junta directiva de la fundación Karyawan, Abdul Hamid, según el diario local New Straits Times.
La mesa redonda “La posición de Hang Tuah en la historia de la civilización malaya” presentó documentos y objetos para reforzar la versión historicista de la existencia del “gran almirante” durante el reinado del sultán Mansur Shah en Malaca.
Algo que había negado el profesor Khoo Kay Khim al aseverar que el héroe no aparecía en ningún documento histórico y que era sólo un mito.
Realidad o ficción, las hazañas que protagonizó junto a sus compañeros Jebat, Kasturi, Lekiu y Lekir se enseñan en el colegio y han servido de fuente de inspiración de libros, películas y series televisivas.
Sus aventuras se conservan en la colección “Hikayat Hang Tuah”, traducida a varios idiomas como el inglés en “The Epic of Hang Tuah”.
“Esta es la leyenda de Hang Tuah, un héroe mítico y campeón de los malayos, un caballero que sirvió al rey de Malaca con una lealtad ejemplar que modeló su vida, dotándola de propósito y significado”, empieza el relato.
La narración recopila los valores de la cultura malaya de su tiempo (rey, religión y tradición) y establece los orígenes de los primeros soberanos de Malaca.
El texto pone al lector en la tesitura de elegir entre Tuah, el campeón de la lealtad a ultranza al sultán, la obligación y la tradición, y Jebat, el paladín de los oprimidos, la justicia y la amistad.
Tuah, cuando se encuentra en el mejor momento de su carrera militar, es “laksamana” (almirante) del sultán, cae en desgracia y salva la vida gracias a que Jebat le ayuda a escapar y esconderse.
Jebat se levanta contra el sultán con la intención de desagraviar a su mejor amigo, pero el rey, para contener el levantamiento, se reconcilia con Tuah y le ordena matar al amotinado.
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