“El Museo de La Plata se fundó a fines del XIX sobre la base de las colecciones privadas del perito Moreno, quien participó a través de sus viajes en la creación del Estado Nacional, un proceso que supuso el genocidio y desplazamiento de comunidades aborígenes. Si nuestro Museo tiene una historia controvertida es justamente porque sus primeras colecciones, que buscaban representar el territorio nacional, se formaron sobre la base de esos genocidios, ya que algunos funcionarios enviaban restos humanos a su director. Más tarde, hacia la década del 20, el Estado Nacional desarrolló una política de asimilación, gracias a la cual quedó instalada la idea de que no había más indios en nuestro país. Y esa idea se ha visto reforzada hasta el día de hoy por cierto imaginario social que sólo reconoce la existencia de aborígenes cuando estos viven de acuerdo con sus modos tradicionales, visten sus trajes típicos y hablan su lengua original. Pero lo cierto es que hay un montón de argentinos y de comunidades que, sin cumplir con esas condiciones, se reconocen aborígenes porque tienen vínculos ancestrales con algún pueblo o guardan cierta memoria. Es el caso de los integrantes de la comunidad Rafaela Ishton de Tierra del Fuego a los que nuestro Museo, hoy con una mirada diferente, acaba de restituirles los restos de cuatro de sus antepasados”.
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