Si se confirmara que el ataque contra la escuela técnica de Ensenada fue intencional, se abrirían -inevitablemente- graves interrogantes. ¿Quién puede provocar intencionalmente el incendio de una escuela? ¿Cuál puede ser el propósito que anime un acto semejante de barbarie?
¿Es concebible imaginar que algún integrante o ex integrante de la propia comunidad educativa pueda ser capaz de algo así? En ese caso, habría que pensar que el fracaso educativo llega mucho más lejos de lo que se suponía. Ya no sería un problema de déficit en la enseñanza sino de un profundo déficit en la transmisión de los valores básicos de la convivencia civilizada.
Lo mejor es no apresurarse. Habrá que esperar que el hecho sea aclarado a través de una investigación diligente. Pero las sospechas e hipótesis que se manejan alcanzan para encender potentes luces de alarma.
Hay que decir, además, que los ataques vandálicos en escuelas no son un fenómeno desconocido. La lista ya es larga y preocupante.
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