Sin estrenarse, “El marginal” es un éxito: una de las ficciones más anunciadas de la TV Pública llegará a las pantallas en mayo, pero antes pasó por el parisino Festival Series Manía, donde ganó el Gran Premio del Jurado, y ahora Netflix negocia para producir su segunda temporada.
“Netflix ahora quiere producir la segunda temporada, así que estamos en negociaciones con ellos para hacer una coproducción con ellos, desde el inicio”, reveló Sebastián Ortega sobre su segunda serie carcelaria: el productor se dio a conocer en 2002 con la célebre “Tumberos” y cofundó después Underground, factoría de “El Marginal” y también de otro éxito internacional de la ficción argentina, “Historia de un clan”.
Ortega, que ha recibido en París el aplauso de un jurado presidido por David Chase (creador nada menos que de “Los Soprano”), ya saborea así las mieles de una serie que aún no ha estrenado: 30 episodios de 30 minutos que dirigen Luis Ortega, Javier Pérez y Alejandro Ciancio y que protagonizan Juan Minujín, Gerardo Romano, Martina Gusman, Carlos Portaluppi y Cristina Banegas.
La historia se centra en un ex policía (Pastor, interpretado por Minujín), que está en una cárcel donde envían a militares y agentes, y que es reclamado por el juez que le condenó para encargarle un asunto delicado, relata el creador de la serie. La hija del magistrado ha sido secuestrada y éste sabe que Pastor, a pesar de tener un historial violento mezclado con alcohol y cocaína, era “un muy buen policía”. Así que le ofrecerá devolverle su libertad a cambio de que se infiltre con identidad falsa en otro penal para intentar averiguar el paradero de la chica.
HISTORIAS DE CARCEL
“Siempre me han llamado mucho la atención las historias, los libros, las películas carcelarias. Me parece que es una estructura que le sienta muy bien a la ficción porque uno puede generar un universo propio, con reglas de convivencia, formas de relacionarse y leyes de supervivencia totalmente distintas”, comenta Ortega.
El ex policía se encontrará con un mundo carcelario donde la supervivencia depende de asimilar rápidamente los códigos de conducta y las relaciones de poder en una sociedad dividida en estamentos: “La villa”, donde los reos recién llegados malviven hacinados en un campamento chabolista instalado en un patio; los pabellones, donde se instala la clase media del presidio; y el sector de los “capos”, con televisiones con pantalla plana, internet, mesas de ping-pong y prostitutas.
“Las cárceles están sobrepobladas, no solo en Argentina, sino en todas partes del mundo. Hubo un tiempo en el que los presos, al no haber espacio en los pabellones, tenían que buscárselas para dormir y vivir afuera, en el patio del penal”, agrega Ortega, que acepta que se tomó “muchas libertades para poder generar un universo propio” y alumbrar ese inestable orden interno -aderezado con palizas, pinchazos, alcohol y droga- en el que tendrá que desenvolverse Pastor.
“Hoy ya las cárceles no son así en Argentina. Si bien suceden cosas terribles que uno no podría ni imaginarse, están un poco más organizadas que antes”, añade, y subraya que al “observar la realidad y la situación en la que vive la gente que está privada de la libertad aparecen cosas muy interesantes, entre ellas el humor”.
El creador de “Lalola”, “Los exitosos Pells” o “Graduados” regresa a un medio, el del inframundo de los presidios, con el que ya se ganó el respeto de crítica y público.
“Todo el mundo me pedía que volviera ‘Tumberos’, pero la idea era volver haciendo algo diferente. Así que dejamos pasar diez años, o un poco más, hasta que empezamos a pensar nuevas historias y un proyecto que se diferencie artísticamente de ‘Tumberos’”, explica Ortega, que creó “El Marginal” a partir de una idea original de Adrián Caetano.
La serie ya se ha vendido en España, Portugal y el Reino Unido y, tras pasar por la Televisión Pública, se difundirá en el resto de América a través de Netflix. Es el comienzo de una relación que se promete fructífera porque Ortega trabaja también en otros proyectos de coproducción con el gigante estadounidense, con respeto a la “libertad absoluta” del creador.
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