El boom de aplicaciones móviles y los “wearables” (pulseras, relojes o anteojos inteligentes) que supervisan la actividad física de las personas y hasta la cantidad de pasos que se realizan alimentó, no ya una afición, sino una verdadera cultura. En Estados Unidos, por ejemplo, existe el movimiento “quantified self” (auto-cuantificado, en su traducción) que organiza encuentros internacionales en torno a los aficionados a estas disciplinas. Conocedoras de esta fiebre por recopilar datos del ejercicio físico y la salud, las grandes empresas tecnológicas como Facebook, Google, Samsung, y Apple, entre otras, están llevando a cabo estrategias para tomar posición en un mercado. Apple, por ejemplo, añadió en el iPhone 5S un chip llamado M7 que registra toda la actividad de los sensores (brújula, GPS, acelerómetro, y altímetro, entre otros) que activan este tipo de aplicaciones para controlar los movimientos del usuario. De este modo, se reduce el consumo de la batería del teléfono, uno de los principales problemas que presentan el uso de apps para este propósito. La RunKeeper, por dar uno de los tantísimos ejemplos, es una de las aplicaciones que más seguidores tiene entre las personas que les gusta salir a correr o caminar, aunque también es capaz de medir otro tipo de actividades como ciclismo, esquí y patinaje, para nombrar algunas.
Al tener una cantidad de usuarios como aplicaciones integradas (puede compartir datos con otras plataformas como Strava y Runtastic) RunKeeper permite estar monitoreando constantemente el progreso que se va alcanzando, o por lo menos compartir las experiencias y ver las recomendaciones que se publican en la comunidad en la red. A través del GPS, esta aplicación calcula el ritmo en el que uno se mueve en tiempo real, el promedio y la máxima velocidad, además de ofrecer constantemente en pantalla la distancia y el tiempo que se lleva en movimiento.
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