Escribe Monseñor DR. JOSE LUIS KAUFMANN
Queridos hermanos y hermanas.
En las relaciones interpersonales, una de las cosas que más cuesta es soportar o tolerar a quienes, según nuestro limitado parecer, son molestos o tienen defectos que nos incomodan. La soberbia - gravísimo pecado “contra natura” - impide ver con objetividad, tanto los propios defectos (que generalmente se disminuyen o justifican) como los defectos del prójimo (que generalmente se exageran o distorsionan). En realidad sería difícil discernir quien es el que más incomoda: si los que tienen defectos y no son bien vistos o los que no aceptan que haya personas así.
Una de las obras de misericordia es soportar y tener paciencia con aquellos prójimos con defectos, que hasta pueden ser molestos. Es de suma importancia saber excusar las falencias ajenas, quizá evidentes e innegables, teniendo en cuenta el ejemplo que nos deja Jesús en la Cruz: no pudiendo excusar ni justificar el delito de los que lo condenaron a muerte, implora para ellos el perdón: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34). Jesús trata de aminorar la malicia de las autoridades y de los verdugos, aduciendo su ignorancia.
Todos tenemos incalculables defectos… ¡Nadie es perfecto! Quizás algunos tengan más y otros menos, pero siempre en exceso. Ante esta realidad, e incluso ante los pecados evidentes (murmuraciones, críticas, insolencias, desprecios…), lo que compete al cristiano es no involucrarse ni siquiera con un gesto, para no ser cómplice del pecado ajeno, y rezar por ellos, pidiendo perdón a Dios, pero también ejerciendo la paciencia y aceptar a los demás como son. Quizá todavía quepa preguntarse si acaso esos defectos molestos no serán también por alguna culpa nuestra, por no haber dado el debido ejemplo de caridad.
Para mejor soportar con paciencia los defectos del prójimo, podemos ejercitarnos en descubrir sus valores, sus cualidades, sus virtudes. Es probable que entonces ya no nos molesten sus deficiencias.
Una de las obras de misericordia es soportar y tener paciencia con aquellos prójimos con defectos, que hasta pueden ser molestos
Jesús eligió a los primeros Apóstoles, al primer Colegio episcopal, y sin embargo entre ellos estuvo Judas el traidor. Pero además, también había ambiciosos, incrédulos, envidiosos, cobardes, egoístas… Los tres años de formación dedicados a ese grupo elegido también fueron de mucha tolerancia, paciencia, comprensión… La experiencia de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús les cambiará el corazón y comenzaran su misión apostólica hasta derramar su sangre por el Evangelio.
Amar sinceramente a los demás, así como son: con sus defectos y sus cualidades, también es vivir en la Ley de Cristo, que se resume en amar a Dios y al prójimo.
Mientras tratamos de ejercer esta obra de misericordia de soportar con paciencia a quienes tienen defectos externos, nos sería sumamente provechoso examinarnos a nosotros mismos e indagar si acaso no estamos en las mismas condiciones que rechazamos en otros. Porque aquel que es consciente de sus propios límites y conoce el historial de sus pecados, será más humilde ante Dios y estará en condiciones de soportar a otros, pensando bien que Dios lo ama con amor misericordioso y por eso también lo soporta a él.
Si nos exigimos un poco en esta manifestación de misericordia, seguramente podremos aportar un poco de paz a nuestro alrededor.
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