Práctica de marineros y de presos en tiempos remotos, de los tatuajes en el cuerpo hoy pareciera que no se salva nadie. Ni hablar de los chicos, pero el tema es que también llega a edades cada vez más avanzadas, y hoy en día entre los de menos de 50 la excepción pareciera ser encontrar a alguien que no los tenga. Es una moda que ya casi todos adoptaron, inclusive hasta pasando los 50, y un estudio reciente en los Estados Unidos lo confirma, al comprobar que entre las personas de 50 y 64 años el 9 por ciento estaba tatuado.
Aunque sin cifras oficiales, tatuadores locales aseguran que en los últimos años la demanda para someterse a esta práctica milenaria (los antiguos pobladores de la Polinesia fueron los primeros en grabarse motivos en la piel en el 5000 antes de Cristo) se triplicó, y entre ellos creció notablemente los que se animan por un dibujo que cubra buena parte del cuerpo. Para los que empiezan de a poco con una estrellita, se tardan unos diez minutos. Pero ya para una espalda entera, más de dos días.
Hoy en día, ya con menos miedo a los procedimientos, forma parte de códigos y fantasías de mucha gente, y hombres y mujeres de toda edad se animan cada vez más a llevar la piel dibujada.
Los tatuadores locales señalan que en los últimos años la cantidad de gente que decide incorporar un dibujo a su piel se triplicó. Para los que empiezan de a poco con una estrellita, se tardan unos diez minutos. Pero ya para una espalda entera, más de dos días.
Los propios tatuadores de nuestra ciudad señalan que “vienen mujeres grandes que se separan y quieren romper con prejuicios de toda una vida y empiezan por una estrellita cerca del ombligo; a veces abuelos que se tatúan el retrato del nieto en el hombro, u hombres de 50 años que lo ven en los chicos, les gusta cómo queda y se mandan”.
“Los de 40 para arriba -explican- no se guían tanto por las modas, sino que se tatúan cosas con significado, como el retrato de los hijos o un nombre. Pero de los 40 para abajo, en cambio, te pueden pedir cualquier cosa, dibujos orientales, desde peces koi y flores de loto hasta samuráis y letras chinas, o clásicos de siempre del terror como Drácula, Frankenstein, la novia de Drácula, el Hombre Lobo, o Chuky”.
La técnica del tatuaje consiste en introducir un pigmento en la piel con una aguja creando algún tipo de diseño. La razón por la que duran tanto es su profundidad: aproximadamente entre 1 y 2 mm. La tinta no se inyecta en la epidermis (la capa superior de la piel que continuamos produciendo y cambiando a lo largo de toda la vida), sino en la dermis, que es la segunda capa de piel más profunda. Las células de la dermis son muy estables, y por lo tanto el tatuaje es prácticamente permanente.
En estos días, el tatuaje es un trabajo realizado por artistas que trabajan en estudios ilustrando tobillos, omóplatos o muñecas, y no son pocos los platenses que, luego de hacer la temporada en nuestra ciudad, luego viajan a Nueva York, Ibiza o Los Angeles y trabajan allí durante la primavera y el verano. Muchos de ellos, inclusive, fueron premiados en el exterior.
TAMBIEN, SUB 50
Mónica es una docente de 50 años a quien sus alumnos escuchan todos los días atentamente durante la clase. Pero en el recreo no dejan de comentar: “¡la profe está tatuada!
“Descubrí los tatuajes por mi hijo -cuenta- que es tatuador hace diez años. El primero me lo hice hace dos años y hace un mes, el último. Son tres y todos representan algo. Betty Boop es un personaje que me gustó toda la vida y me lo hice en la espalda; en el tobillo tengo la firma de mi papá, después de encontrarla en una cédula, y el último en la muñeca, con las iniciales de mis hijos.
Otro caso es el de Francisco, de 42 años, quien tiene tres tatuajes. El primero fue el de su ídolo, Diego Maradona. “Me lo hice en 1994 -dice- cuando lo suspendieron del mundial, en su peor momento”.
También tiene tatuados en el brazo los retratos de sus hijos, Valentina y Bautista. “Ser padre es muy fuerte y no sé, me salió del alma tenerlos siempre conmigo. En hacer esos dos retratos tardaron siete horas”.
Por el lado de los sub 30, en cambio, pareciera no haber tantos reparos a la hora de elegir qué tatuarse. Por ejemplo Diego, de 26 años, en el brazo izquierdo ya no tiene el color de su piel morena; es una manga -así se dice en la jerga cuando el brazo está íntegramente dibujado- con un retrato al lado del otro.
O Pedro, de 27, cuya espalda parece un cuadro ambulante con los motivos más variados.
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