“Yo era de los que nunca contaba que había estado en Malvinas”, admitió el portero de la Primaria 19 y la Secundaria 26 de 41 y 22, Darío González (53). Pero fue precisamente su ingreso como auxiliar docente lo que rompió ese silencio. La comunidad educativa le devolvió “otra imagen suya”: la del respeto por los que pelearon para recuperar las Islas, la de la curiosidad por los días que pasó allí, y la del homenaje permanente de alumnos y docentes.
La escuela fue su primer trabajo estable y su puente con la sociedad.
La resolución 5304 de la dirección general de Cultura y Educación establece que el 10% de los cargos auxiliares deben estar a disposición para la incorporación de ex combatientes.
“Antes (de llegar a la escuela y de ‘someterse’ a la curiosidad y respeto de chicos y maestras) no era bueno hablar, te dejaban de lado, éramos los locos y en los trabajos tampoco nos querían emplear”, cuenta.
Realiza las labores que le corresponden y muchas más. “Ayer estuve colgando pizarrones -dijo esta semana-. Cuando se necesita, no tengo inconveniente en hacer ningún tipo de tarea, saben que pueden contar conmigo, es una forma de agradecimiento”, remata Darío. Otro 2 de abril.
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