El centro de nuestra ciudad y, en menor medida, las principales vías camineras de la región, vienen sufriendo con llamativa continuidad las consecuencias caóticas propias que generan los piquetes, cortes de calles y protestas que utilizan como escenario a la vía pública. En este sentido, se ha dicho en forma reiterada que nada -salvo la falta de sentido común- debiera impedir que los reclamos ante las autoridades puedan realizarse, sin que restrinjan por completo el libre tránsito por las calles. Con sólo ocupar un carril y no la totalidad de la calzada, podrían compatibilizarse perfectamente ambos derechos: el de peticionar ante las autoridades y el de garantizar la libre circulación.
Sin embargo, debe decirse que, en lugar de avanzar hacia ese logro, se ha venido involucionando en los últimos tiempos, al punto de que el centro platense viene viviendo situaciones ciertamente traumáticas por los permanentes cortes totales de las calles que originan las protestas.
Tal como se informó en un artículo publicado recientemente, el centro de la Ciudad vive condicionado por la presencia de piquetes. Cuando no es en 7 y 55, entonces ocurren en Plaza Moreno. Cuando no es en Plaza Moreno, la presencia de vallados humanos impide el tránsito por 7 y 50. Cuando no en esta conflictiva esquina, el corte se traslada frente a la Gobernación o a varios puntos a la vez. Existen además cortes que pueden calificarse de crónicos, como el de la Uocra en 44 entre 4 y 5, que ya ni siquiera son noticia. La instalación permanente allí de baños químicos marca hasta qué extremos puede llegar el sinsentido. En otras oportunidades, es la ruta 36 la que aparece “piqueteada” por una protesta de productores o, en el otro extremo del casco urbano, el corte se registra en la bajada de la Autopista. En algunas oportunidades, son alumnos -casi niños- los que han cortado calles de cordón a cordón, en el centro platense, por una reivindicación de tipo escolar.
Se sabe que en los últimos meses despuntó un debate político sobre la conveniencia o no de impulsar un denominado “protocolo antipiquetes”, en lo que ha terminado por ser una suerte de polémica meramente declamativa, ya que en estas últimas semanas, tanto la Policía como los inspectores municipales han acentuado su tradicional permisividad en esta materia, actuando más como garantes del “piqueterismo” que del derecho a la libre circulación. Por otra parte, ni siquiera existe un tipo de orden mínimo que pueda atenuar las consecuencias propias de los cortes, permitiéndose, en cambio, derivaciones caóticas como cuando los automovilistas decidieron utilizar los veredones de la plaza Moreno para eludir los embotellamientos.
Debe insistirse en que no se pone en duda la alternativa de que distintos sectores sociales puedan ejercer el legítimo derecho de peticionar a las autoridades. Pero esos derechos no pueden ejercerse sobre la base de impedirle a la población el ejercicio pleno de sus facultades ciudadanas. Por otra parte, las calles fueron concebidas y existen para que la gente circule libremente por ellas, sin tener que pedir permiso ni tener que rendir tributo a nadie.
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