“Prohibir en lugar de controlar, no es una alternativa aceptable”. Este era el título de la columna editorial publicada por EL DIA en su edición de ayer. Y aludía, precisamente, al absurdo de prohibir aquellas actividades ante las dificultades para controlarlas o supervisarlas adecuadamente.
El fallo que emitió ayer un polémico juez porteño va, exactamente, en la dirección del absurdo que se cuestionaba en el editorial de EL DIA: como no pueden controlar las fiestas y los bailes, directamente las prohíbe.
Se decía en el editorial -y vale la pena repetirlo- que con este criterio, llevado al extremo, deberían cerrar las escuelas para evitar los casos de violencia que se producen en sus aulas con alarmante frecuencia. O podrían también cerrar las guardias de los hospitales por los excesos y agresiones que muchas veces se registran en esos ámbitos.
Hay que insistir: la tragedia de la fiesta electrónica no fue consecuencia de la música ni de la fiesta en sí. Se produjo porque fallaron los controles que deberían haber impedido la venta de drogas sintéticas, el exceso del número de asistentes, la falta de hidratación, entre otras irregularidades.
Prohibir lo que no se sabe controlar no es una opción. Es un criterio que, en todo caso, nos retrotrae a una sociedad primitiva.
SUSCRIBITE a esta promo especial