Por MARIO VALLADOLID
“Me pasó lo que, supongo, les habrá pasado a muchos en estos días. Quedé impresionado cuando leí la noticia sobre el incendio en una escuela de Ensenada, que aparentemente habría sido provocado en forma intencional. Vi en las fotos de esa escuela destruida, las postales de un país sin futuro. Si quemamos las escuelas, ¿qué nos queda? Por supuesto que no podemos generalizar ni abrir juicios de valor que puedan ser injustos o apresurados. Pero pensé: ¿No habría que llamar a toda la comunidad para intentar arreglar lo que se pueda arreglar y rescatar lo que se pueda rescatar? Al menos sería gratificante, después de las fotos que vimos, protagonizar entre muchos otra imagen: la de la solidaridad y la cooperación para construir en lugar de destruir”.
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