Antes de que marcas como Adidas o Maizena se interesen en ella y de que le ofrezcan dinero por participar en eventos, Florencia Fernández (21) era una estudiante de administración de empresa que volvió con 10 kilos de más de un intercambio en Londres. “Nunca tuve complejos con mi cuerpo. Era de las primeras que se sacaban la remera para tirarse a la pileta. Pero me acuerdo que un día vi fotos de una reunión familiar y me di cuenta que estaba excedida. Entonces me propuse bajar de peso”, cuenta.
Florencia se decidió a comer menos grasas y más nutrientes y a cambiar algunos hábitos. Como es costumbre entre los jóvenes, compartió su proceso de adelgazamiento por red social. Eligió Instagram. Ya pasó más de un año desde que se abrió la cuenta @thehealthyblogger para publicar recetas y mensajes motivacionales.
“Creo que a la gente le gusta que seamos chicas normales que compartimos nuestra experiencia. Se sienten más identificadas con nosotras que con una modelo”
Era algo para mí. En un principio lo hacía para darme ánimo. Pero empezaron a seguirme cada vez más personas y me di cuenta de que también estaba motivando a otros. Ahora todos los días publico algo, sino lo hago me siento en deuda”, dice Florencia, que ya cuenta con 87.000 seguidores y 1.003 publicaciones.
Lo que empezó como un hobby se convirtió en una fuente de ingresos extra: algunas marcas la buscan para que recomiende sus productos y la contratan para dar charlas motivacionales en eventos. “Por ahí me paran en la calle para pedirme fotos o consejos... A mí me da un poco de vergüenza. No termino de entender lo que pasó”, dice Florencia, y arriesga: “ Supongo que muchas se sienten identificadas conmigo: soy una chica normal, que sin mucha plata o recursos pudo adelgazar”.
El caso de Florencia no es aislado. La movida “saludable” arrasa en las redes sociales y sus cultores no paran de acumular seguidores. Instagram, que cuenta con más de 200 millones de usuarios activos al mes, se convirtió en un espacio capaz de canalizar y crear tendencias. Y, justamente, una de las que se vino propagando velozmente en los últimos años rinde culto a la alimentación sana y a la actividad física.
De modo que mujeres con cuerpos entrenados -también se da en hombres, aunque todavía en menor medida-, aprovechan la cámara de foto de sus celulares para registrar imágenes de cuando se ejercitan y también los platos que consumen en almuerzos, meriendas y cenas.
Mediante una combinación de imágenes y mensajes motivacionales que comparten por la red social, se convierten en referentes del “Healthy LifeStyle” (estilo de vida saludable) y, para muchas, en un modelo aspiracional.
¿PELIGROS?
Los seguidores de las “fit girls” les piden consejos para bajar de peso o recetas de platos saludables. Nutricionistas advierten que estos grupos virtuales pueden actuar como un imán para captar a personas con trastornos alimenticios y de lo riesgoso que podría ser si en estos espacios se indican dietas o tips para bajar de peso sin sustento científico.
En este sentido, Agustina D’Andraia (26), que consiguió 80.000 seguidores con su cuenta de Instagram @agusdandri y escribió el libro “Diario de una chica fit”, dice: “Una persona que tiene trastornos alimenticios va a encontrar en todos lados material para fomentar su enfermedad. De todos modos yo no doy consejos particulares. A veces me escriben para preguntarme si pueden comer tal cosa pero no contesto ese tipo de mensajes. Tampoco indico dietas ni planes de ejercicio. Yo cuento mi experiencia. En Instagram hablo de mi vida y comparto recetas de tortas, budines, tartas…”
IDENTIFICACIONES
Antes de convertirse en una “gurú de la vida sana”, Agustina era una periodista que se decidió a bajar de peso. Perdió más de 10 kilos en 6 meses y documentó en la red social cada paso de ese proceso.
“Al principio subía la foto de un plato de comida o de cuando estaba en el gimnasio... Cosas que tenían que ver con mi presente. Hace un año y medio, de manera espontánea, me empezó a seguir más gente y dejó de ser sólo una página personal para convertirse también en una de ‘servicio’. Muchos empezaron a copiar mis tips y a contagiarse”, dice.
Al igual que Florencia, Agustina considera que su éxito se debe a que genera identificación: “Yo soy de clase media, me fijo en los precios, me preparo la comida... Y muchas encuentran en mí un apoyo. La nutricionista te da una fotocopia y después te quedás solo. A través de Instagram compartimos el día a día y eso ayuda a cambiar el estilo de vida”.
Aunque los especialistas desaconsejan guiarse por artículos que circulan en Internet en temas referidos a la salud, el estudio Teens, Health and Technology, realizado en Estados Unidos entre adolescentes de 13 a 18 años, reveló que un 83% de los encuestados buscaba información sobre salud en Internet, y uno de cada tres jóvenes reconoció cambiar sus hábitos después. El 42% respondió buscar datos de fitness o ejercicios y el 36% de dietas y nutrición. Quizás por esto, empresas de renombre acuden a las “fit girls” para que promocionen sus productos.
“Creo que a la gente le gusta que seamos chicas normales que compartimos nuestra experiencia. Se sienten más identificadas con nosotras que con una modelo. Eso hace que las marcas también se fijen en lo que está pasando en las redes sociales y nos inviten a eventos”, dice Giselle Geuna (33), otra fit girls, que acumula 40.000 seguidores en su cuenta @fitfruits y 7.000 en @thefitblogger.
Agustina D’Andraia (26), periodista y autora de “Diario de una chica fit”. Consiguió 80.000 seguidores con la cuenta de instagram @agusdandri.
“A través de las redes sociales se puede ayudar a que las personas cambien su estilo de vida por por uno más saludable. La motivación es la clave”
Giselle Geuna (33) cuenta con 40.000 seguidores en @fitfruits y 7.000 en @thefitblogger
“La mayoría de mis seguidoras son mujeres, de 18 años para arriba. Hay todo un grupete que está en la movida fit y una vez que te conocen te empiezan a seguir. A veces hasta a nosotras nos cuesta entender lo que está pasando”
Florencia Fernández (21). su cuenta de instagram @thehealthyblogger acumula 87.000 seguidores.
“Quería bajar de peso y subía fotos o frases para auto motivarme. Hasta que me empezaron a aumentar los seguidores y me di cuenta de que también estaba motivando a otros. Ahora todos los días comparto algo, sino me siento en deuda”
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