Habían pasado quince días desde la última vez que Gisella miró el celular de su hija, de 14 años. El caso es real, pero por motivos obvios la mamá de la adolescente platense pidió no revelar nombres. Se encontró con que su hija mantenía una conversación, vía mensaje, con un hombre que decía tener 30 años. La joven “lo conoció” a través de uno de los grupos whatsapp que integra.
“El le mandaba y le pedía fotos. Le escribía partes de la canción ‘Te quiero a escondidas’, de Emanuel Ortega. Le dijo que era de El Palomar y le preguntó si conocía... si alguna vez había ido a Retiro”, cuenta Gisella, y sigue: “Yo le prohibí que siga hablando con él. A los dos días la agregaron a un grupo de adultos integrado por personas de Paraguay, Perú y de Buenos Aires en el que se pasaban videos pornográficos”.
Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cada año cerca de 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes son víctimas de trata en el mundo a través de Internet. El organismo internacional señala que algunos delincuentes llegan a tener hasta 200 conversaciones con menores de edad en su lista de chats, redes sociales o mensajería instantánea con fines sexuales.
Si bien por un lado las redes sociales pueden ser muy útiles para que los chicos se mantengan en contacto con sus compañeros y, por ejemplo, puedan pedir los deberes cuando faltan; por el otro, a través de Facebook o de los grupos de whatapp pueden entrar en contacto con adultos desconocidos que, en algunos casos, mienten sobre su identidad y se arman perfiles falsos para entablar conversación con menores de edad.
Como el caso ocurrido en 2014, que se dio a conocer recientemente y se encuentra en proceso judicial. Un policía bonaerense -actualmente enfrenta un juicio de grooming (ciberacoso)- se hacía pasar por un chico de 13 años en Facebook para seducir a una nena de 11.
Cuando la mamá de la víctima descubrió que le mandaba mensajes sexuales a su hija diseñó un plan para atraparlo: se hizo pasar por la nena y arregló un encuentro entre ambos en una plaza del barrio donde viven, en Virreyes. Cuando el acusado llegó al lugar de la “cita” lo estaba esperando toda la familia de la chica.
“Hola linda”, “Te quiero ver desnuda”, “Vení con pollerita o calzas y sin ropa interior”, eran algunas de las cosas que le decía el policía a la menor. El contacto había comenzado por Facebook y luego continuó por mensajes de texto. El acosador consiguió el número porque la niña lo había publicado en la biografía de su perfil.
“La tecnología no es mala en sí misma y está bueno aprovechar las ventajas que ofrece pero es necesario que tanto los chicos como sus padres sean conscientes de los riesgos y tomen los recaudos necesarios”, señala Paula Venosa, especialista en seguridad y privacidad en redes y profesora de la facultad de informática.
Carlos Gabriel Rojas, jefe de área de investigaciones telemáticas, señala que “el 70% de las investigaciones que arrancamos son por abuso de confianza o maltrato a menores a través de las redes sociales”.
El especialista plantea que entre los delitos más comunes a través de internet figura la extorsión a menores de edad. “Ganan su confianza y consiguen que les manden alguna foto en ropa interior, o sin ella, y después los amenazan con mostrar esa imagen a sus padres o difundirla en las redes sociales”, cuenta.
A su vez, el Cuerpo de Investigaciones Judiciales de la Fiscalía General de Buenos Aires, que investiga casos de pornografía infantil en Internet, señaló que la circulación de este tipo de material viene en aumento. En los últimos dos años se registraron alrededor de 15.000 casos en todo el país. Lo que supondría unos 20 por día.
Desde el organismo advirtieron que con mayor frecuencia los casos de distribución de pornografía se encuentran directamente vinculados al delito de grooming y abusos sexuales a menores de edad.
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