Con una diferencia de cuatro semanas, hubo dos robos en un kiosco de la zona de la estación de Trenes. En el primero habían actuado cuatro nenes que se metieron de madrugada a robar cigarrillos y otros elementos, pero la policía los atrapó después del aviso de un testigo. Ayer, la situación fue bien diferente.
Alrededor de las 13.30, un hombre corpulento ni siquiera se sacó el casco para entrar al comercio, situado en diagonal 80 y 3. El sujeto, de unos 35 años, simuló con violencia estar armado. A la chica que atendía el local le dijo que iba a “quemarla” si no hacía caso.
Todo transcurría sin que nadie se diera cuenta de lo que pasaba desde la calle, en una de las zonas de la ciudad con más tránsito a esa hora del mediodía.
El ladrón, de todas maneras, se apuró en concretar el robo lo antes posible. “Sabía que tenemos dos cajas diferentes con plata”, remarcó Florencia, una compañera de la chica de 23 años a la que increparon.
Fueron 2.500 pesos aproximadamente los que el delincuente pudo sacar de la recaudación. No trascendió si alcanzó a llevarse otros elementos de valor o mercaderías a la vista.
A la empleada no le pegaron, pero sí la obligaron a tirarse al piso. Ahí tuvo que permanecer, escondida detrás del mostrador, hasta que estuvo segura de que el ladrón ya estaba lejos. Por esa misma razón fue que desconocía si andaba en moto o en qué dirección huyó.
“Además, un rato antes habían agarrado enfrente a otro tipo que andaba robando. Estuvo lleno de policías. Pero después se fueron para los otros negocios de la zona”, se lamentó Florencia, en diálogo con este medio.
antecedente
A principios de marzo, un grupo de cuatro menores de edad, de alrededor de 14 años, habían ingresado a robar a ese mismo kiosco.
Lo hicieron al forzar el candado de una de las persianas laterales que dan a calle 3, y tras romper uno de los vidrios del lugar. En el interior los menores registraron el negocio por completo.
Pero un testigo vio la maniobra y alcanzó a avisarle al 911 del hecho. Los policías pudieron llegar a tiempo para interceptarlos, demorarlos y recuperar lo robado.
Estos dos casos ya dejaron instalado el temor entre las mujeres que atienden ese negocio. “Tenemos presente que nos puede pasar algo en cualquier momento”, sostuvo Florencia, quien además dijo que otra de las maneras de prevenir nuevos casos sería cerrar antes.
“Acá somos candidatos a que nos asalten”, completó la empleada, preocupada.
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