A los platenses seguramente les correspondería un reconocimiento por su infinita paciencia. Las colas para pagar, sacar plata, tomar el colectivo, tramitar la tarjeta SUBE y tantos otros trámites, están llenas de gente resignada y silenciosa que, con enorme paciencia, paga con su tiempo, su cuerpo y su salud los costos de sistemas ineficientes para la atención al público. Los automovilistas -se sabe- tienen su propia pesadilla. Por eso es justo reclamar, al menos, un reconocimiento a la paciencia de la ciudadanía, ya acostumbrada a sufrir y a esperar.
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