El género del policial ha sido exitoso por siglos, por lo cual el reciente suceso de los casos de crímenes verdaderos en pantalla no sorprende. Sin embargo, resta la pregunta: ¿por qué no podemos evitar mirar historias criminales? “El crimen en pantalla tiene el potencial de saciar nuestras pulsiones instintivas. Observar sexo y violencia en una serie de crimen puede ser catártico para algunos”, explicó el psicólogo Arthur Cassidy en una entrevista a un medio inglés.
“El crimen fascina porque la mayoría de nosotros tiene que vivir según las reglas. Y la idea de hacer lo contrario nos genera adrenalina. La ficción ofrece la chance de imaginarnos como criminales, y el género del crimen verdadero va un paso más allá y nos muestra exactamente qué se siente ser un asesino, sin el almohadón mental de que sólo es una historia”, amplía el pscioterapeuta Phillip Hodson, como si de una especie de “deporte extremo”.
De acuerdo con él estuvo Adam Beforado, profesor de Derecho, que sostuvo que “el género siempre cautivó a la audiencia porque “captura a los individuos en su pero momento: el día que mataron, el día que perdieron una madre, el día que fueron sentenciados a perpetua por algo que no hicieron. Es difícil no quedar atrapados”. “El encanto se intensifica por el hecho de que nuestros sitemas legales no ofrecen certeza total”, agrega.
Pero además de las cuestiones psicológicas, en esta nueva era de la televisión saturada de ofertas y de una audiencia acostumbrada a interactuar con las pantallas, el crimen verdadero ofrece la posibilidad de jugar al detective y por lo tanto “engancha” doblemente al espectador: con su historia atrapante, y con la búsqueda por resolver el misterio.
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