JOY, EL NOMBRE DEL ÉXITO, de David O. Russell.- Otro film basado en hechos reales, una de las vetas más transitadas por un Hollywood que deja ir a la TV sus buenos libretistas. Otro ejemplo de perseverancia con muchos contratiempos mordiendo cerca. Está inspirada en la vida de la inventora de un lampazo de última generación, que después de un largo batallar logró imponer su hallazgo. Y desde la biografía de esa empeñosa ama de casa, el film lanza una mirada farsesca pero punzante sobre el sistema, sobre sus implacables exigencias, sus miserias y sus personajes. Hay algo de mafioso en ese mundo de hallazgos y negocios. Jennifer Lawrence le da consistencia a esta madre que vive bajo un clima hogareño de fuerte presión, con padre tarambana, madre aislada y una media hermana envidiosa. Su lucha es un mensaje que va más allá de honrar al feminismo. Es incansable, corajuda y astuta. Sus logros, tan entrecruzados, muestran la cara más cruel de un sistema feroz y las demandas de una familia desgastante. La primera parte trastabilla por su costumbrismo ramplón, su tono de fábula ingenua y sus forzados recursos. Pero al final, cuando se pone seria, y la pintoresca señora sale a defender su integridad y su bolsillo, el film se hace valer. (*** ½)
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