Tarde para arrepentimientos, el Comité Olímpico Internacional (COI) ya sabe que la crisis política de Brasil irá mano a mano con los Juegos de Río. Sorpresivamente, ayer se aplazó el impeachment en el Senado, segundo paso que estaba destinado a suspender por 180 días a la presidenta Dilma Rousseff. Lejos de llevar alivio, en el COI temen que la novedad sea un búmeran. Con Rousseff temporalmente alejada del poder, a la espera del juicio final, los Juegos, creían en el COI, podían transcurrir más calmos. Ahora puede ser al revés. Río 2016 teme que la crisis política deba definirse en plena competencia. Y que lo que sucedió una semana atrás en el encendido de la antorcha en Brasilia sea apenas una anécdota. Funcionarios del COI miraban atónitos a los primeros portadores de la antorcha corriendo en medio de gritos y carteles a favor y en contra de Rousseff. El COI ruega que suceda algo parecido a lo que pasó con el Mundial. En la Copa de 2014 hubo fuerte repudio a Rousseff en la apertura. Cantos agresivos y misóginos incluidos. Pero hubo calma luego durante la competencia. Lo que suceda una vez terminados los Juegos, me dicen en el COI, ya será problema de Brasil.
Los Juegos comenzarán el 5 de agosto en una ciudad que sufre todos los días manifestaciones a favor o en contra del impeachment a Rousseff. Pero que sufre también protestas sociales porque, además de una crisis política, Brasil sufre una fuerte crisis económica. Según historiadores olímpicos, Brasil será el primer país que albergará los Juegos en plena recesión. “Como pastores –dijo el jueves pasado un documento de obispos religiosos- estamos afectados por las lágrimas” de los que más están sufriendo los recortes presupuestarios. Son obispos de la región oriental que incluye la diócesis de Río de Janeiro. De una ciudad que, paralelamente, sí destina dineros a las obras olímpicas y trabaja a cuatro manos para llegar a tiempo a los Juegos. A veces, maquillada, como lo desnudó la ciclovía que costó millones y no resistió ni siquiera los embates naturales del agua. El derrumbe provocó dos muertes. Nadie quiere acercarse ahora a esa obra. Como sucede con otras que fueron construidas de modo acelerado para los Juegos. Posiblemente mal.
Todo es división política hoy en Brasil. Lo sufren hasta los niños en los jardines de infantes, que trasladan la ira de sus padres. Hay que hablar de vida cotidiana con los amigos y colegas que viven en Brasil para ver por dónde va todo. Días atrás, en pleno restaurante, un conocido actor terminó escupiendo a una pareja que lo “acusaba” de estar a favor de Rousseff. Jo Soares, uno de los conductores acaso más famosos de la TV de Brasil, avisó que suspenderá su próxima novela, de temática política, hasta que la situación se calme. Soares, siempre muy profesional en su entretenido programa de la TV Globo, entrevistó a Dilma en junio de 2015. Opositores fueron hasta su casa acusándolo de haber sido condescendientes con la presidenta. Días atrás, en plena transmisión, un asistente gritó desde la tribuna “Fuera Dilma” y Soares reclamó respeto, porque jamás había pasado algo así en su programa. Por la web, Soares también fue “acusado” de favorecer al gubernamental Partido de los Trabajadores (PT) a cambio de dinero. Soares pondrá fin a su programa de entrevistas en la Globo después de 28 años. Son apenas algunos de los tantos episodios de vida cotidiana que hacen irrespirable para algunos tanta intolerancia, acaso inédita en la vida de Brasil.
Los Juegos comenzarán el 5 de agosto en una ciudad que sufre todos los días manifestaciones a favor o en contra del impeachment a Rousseff
Y aunque se diga independiente, también es política la justicia. El viernes pasado, la presidenta Rousseff recordó que el hombre que inició el proceso de impeachment en el Congreso, Eduardo Cunha, ya está por fin formalmente imputado y suspendido de sus cargos. Porque, como ya todos sabían, tiene cuentas no declaradas en Suiza, producto de sobornos. Cunha había usado su liderazgo en la Cámara de Diputados para extorsionar al Poder Ejecutivo. “Si me dan los votos para que no me acusen –era su aviso-, yo no acuso a Dilma. Si no me dan los votos, acuso a Dilma”. El gobierno no lo apoyó. Y él, que controla a cerca de 250 legisladores, cumplió su amenaza. ¿Por qué la justicia resolvió sancionarlo recién después de que lideró el impeachment en Diputados? El gobierno fortalece así su teoría del “golpe”. De que lo que molesta es el PT y no la “corrupción”, si es que la hubiera, porque la acusación contra Dilma (desvíos presupuestarios) es una práctica político-económica que está lejos de equipararse a cuentas suizas y cobro de sobornos. “Para perpetrar el golpe –se lamentó Rousseff- necesitaron a una persona sin principios morales y éticos, que hizo un chantaje explícito al gobierno”. Por eso el gobierno celebró ayer la suspensión del segundo paso del impeachment, en el Senado.
Es difícil explicar el avance de la justicia en Brasil. De qué modo un juez puede hasta ordenar un día escuchas ilegales a la propia presidenta Rousseff o prohibir otro día por 48 horas todas las comunicaciones vía WhatsApp. Otro juez recortó inclusive presupuestos gubernamentales. A un tercero le tocó decidir si esos recortes incluían también los presupuestos de Río 2016. Dijo que no, para respiro del COI. Por eso, la politización de la competencia, a esta altura, sería acaso un mal menor. Porque, más que las disciplinas olímpicas, “el principal deporte hoy de los brasileños –como escribió Mariliz Pereira Jorge en Folha- es la política”. Quinientos días atrás, una encuesta indicaba que el 34 por ciento de los brasileños tenía interés en los Juegos. La cifra cayó hoy al 24 por ciento. Apenas dos de diez brasileños saben pronunciar el nombre de algún atleta olímpico. El más mencionado es el nadador César Cielo, que ni siquiera participará de los Juegos. Pereira Jorge afirma que el desinterés se debe a que el 75 por ciento de los encuestados cree que los Juegos no servirán a Río, sino para posibles negociados, como el de la ciclovía que no resistió al agua.
La crisis se había llevado puesto ya en pleno Mundial 2014 al competente Ministro de Deportes Aldo Rebelo. Dilma, que precisaba votos en el Congreso para sostener su ya frágil gobierno, lo sacó para cumplir nuevos acuerdos políticos y puso entonces a George Hilton, de un partido aliado, pastor evangélico de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD). Y conocido porque en 2005 había sido detenido en un aeropuerto de Belo Horizonte con 600.000 reales en una valija, supuesta contribución de los fieles. No tenía ni idea de deportes. Un nuevo acuerdo político alejó a Hilton. El nuevo ministro es Ricardo Leyser, del Partido Comunista, alineado con el gobierno. Más complejo resulta saber quién recibirá la antorcha cuando arribe el 5 de agosto al Maracaná, para dar inicio a los Juegos. Si echan a Dilma, podría recibirla su vice, Michel Temer, “traidor” del gobierno. Temer ya adelantó nombres de su nuevo gabinete. Contó que, en Ciencia y Tecnología, designará a Marcos Pereira, otro obispo evangélico, del mismo partido de Hilton. Si Hilton no sabía nada de Deportes, Pereira, en cambio, es un religioso creacionista que, directamente, atribuye la evolución del Universo a Dios y no a la ciencia. Como escribió otro columnista político, antes de asumir, Temer, más que un apellido, ya es un verbo. Y los que más temen, ya sabemos, son los miembros del COI.
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