Por EDUARDO TUCCI
OPINION
Los detalles centrales de la Superliga que vienen debatiendo los presidentes de los clubes forman parte de un borrador en el que han quedado establecidas renovadoras ideas para el fútbol argentino, que apuntan entre otros objetivos a volver a un torneo de Primera División con 20 equipos. Si bien faltan ajustar mil detalles y dar curso a una discusión que recién empieza, vale la pena poner la lupa en los elementos fundamentales de una propuesta que por estas horas acapara toda la atención en los círculos dirigenciales.
Por lo pronto se establecería una nueva estructura dentro de la AFA, absolutamente independiente, que regiría los destinos de la Primera División y la B Nacional, algo similar a lo que ocurre actualmente en España o Inglaterra. Mientras tanto la casa madre tendría a su cargo el resto de los torneos de ascenso como así también el manejo del Consejo Federal y de la Selección nacional.
Datos recogidos por un medio deportivo nacional permitieron establecer que en el diseño de la nueva Superliga se hizo foco principalmente en un certamen de la A con 20 equipos, a desarrollarse entre los meses de agosto y junio con partidos de ida y vuelta. Cómo llegar a esa cifra de competidores -frente a los 30 participantes del actual campeonato-, constituye uno de los mayores dilemas y la fuente de las discusiones más fuertes entre los clubes.
Quienes idearon y propician con fuerza el nuevo formato -los clubes grandes, excepto Independiente-, apuntaron de entrada a un descenso masivo aunque ya tomaron nota del firme rechazo de la mayoría y aceptaron buscar otras fórmulas.
Una de las opciones que está a consideración sería establecer el descenso de cuatro equipos en las próximas cuatro temporadas y que sólo asciendan dos elencos de la B Nacional. Un esquema similar se aplicaría en el resto de los torneos de Ascenso, lo que permitiría llegar a 2020 con el número de participantes pretendido.
Otro punto que está escrito y subrayado en los borradores del nuevo esquema tiene que ver con un estricto control financiero, incluyendo sanciones deportivas para quienes se embarquen en nuevas deudas. En definitiva el tema económico-financiero es uno de los ejes centrales de la propuesta e incluso la plata que podría recaudarse con la Superliga es lo que se presenta como el mayor beneficio que arrojaría su puesta en marcha.
Según los datos recogidos, los ideólogos de la nueva modalidad de torneo aseguran que los clubes podrían recaudar por los derechos de la TV tres veces más que lo que están percibiendo actualmente a través de la licitación de los derechos y el streaming por Internet.
Es más, aseguran que ya existen negociaciones con cadenas nacionales y extranjeras y con el propio Gobierno que tiene esos derechos hasta el año 2019.
La intención de los impulsores de la Superliga apunta a la realización de una licitación conjunta de aquí a 2030, manteniendo la gratuidad por TV hasta que venza el contrato del “Fútbol para Todos” y posteriormente apuntar a la modalidad paga para que los privados puedan recuperar su inversión y recojan los dividendos correspondientes.
En cuanto al reparto del dinero, del 100 % que se reciba el 10% iría a la AFA, otro 10% a la B Nacional y el 80% a la A. Los clubes de Primera División dividirían sus ingresos en un 50% en partes iguales y el resto en una fórmula que incluye, rating, mérito deportivo y cantidad de socios.
Fuera del aspecto económico, en el nuevo esquema la AFA mantendría el manejo del Tribunal de Disciplina como así también la designación de los árbitros, pero no intervendría en el armado del fixture de la Superliga.
Queda en claro que se jugaría con el calendario que rige al fútbol europeo -de agosto a junio- con el descenso de cuatro equipos que bajarían sin tomarse en cuenta los promedios sino la posición en la tabla: o sea los cuatro últimos bajarían automáticamente.
El programa de partidos estaría armado de antemano sin permitirse modificaciones ni de día ni horarios de los encuentros y la Copa Argentina seguiría desarrollándose bajo la órbita de la AFA.
Puntos más puntos menos estos serían los ejes centrales sobre los que se asentaría la propuesta que cambiaría el rumbo actual de nuestro fútbol. El debate está abierto y junto con la elección del futuro presidente de la AFA serán, sin duda, los dos temas que concentrarán toda la atención de aquí en más.
SUSCRIBITE a esta promo especial