Un grupo de presos volvió ayer a levantar la valla que hoy separará frente al Senado a los detractores de la presidenta Dilma Rousseff, situada a un paso del precipicio político, y a sus simpatizantes, quienes protestan contra lo que consideran un “golpe de Estado”.
La división ideológica entre ambos grupos volverá a estar separada así por una cerca metálica de 1.000 metros de extensión que parte desde el Senado, que se apresta a decidir si abre un juicio político contra Rousseff y la separa de su cargo.
Con el rostro cubierto para huir de los flashes y escapar del sol abrasador, los reclusos colocaron una a una las barreras que atravesarán la Explanada de los Ministerios, una amplia avenida que reúne todos los poderes públicos de Brasil, incluido el Congreso.
El mismo muro fue levantado también por presos en vísperas del pasado 17 de abril, cuando la Cámara baja decidió en una tensa votación proseguir con el proceso contra Rousseff y le pasó el trámite a los 81 miembros de la Cámara alta. Aquel domingo, miles de manifestantes se concentraron en Brasilia para gritar a favor y en contra de Dilma.
La seguridad comenzó a ser reforzada en los alrededores del Congreso, aunque es probable que el número de manifestantes sea inferior al de la votación de la Cámara baja, que al caer domingo transformó el clima de la capital en el de una final de fútbol.
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