Atrás parecen haber quedado los días en los que el Gobierno y los dirigentes de Cambiemos intercambiaban “flores” con la oposición -excepto el kirchnerismo-, con mas coincidencias que desencuentros respecto de los grandes temas a resolver en el país.
El proyecto de ley de emergencia ocupacional socavó aquella construcción que el Poder Ejecutivo había levantado para derogar las leyes cerrojo y de pago soberano y sellar el pago a los holdouts y la salida del default.
Esta vez, el peronismo en sus variadas expresiones, busca imponer por primera vez sus números y asestarle a Macri su primer gran revés legislativo.
En una dialéctica más de confrontación que de diálogo, Macri acusó a los opositores que promueven la ley antidespidos en Diputados tal como vino del Senado, de “bastardear la política” y ponerle “trabas” a su administración. Lo hizo el día del anuncio de un “acuerdo” al que se comprometían los empresarios, de no echar a nadie por 90 días.
Consciente o no, el Presidente eligió: compartió el acto con empresarios de grandes firmas y Pymes y dejó en un salón contiguo a los sindicalistas de las tres CGT peronistas, que se negaron a acompañarlo en el anuncio, porque ellos mismos habían motorizado la ley antidespidos en el Congreso.
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