El kirchnerismo sufrió ayer su peor derrota política desde el ballotage en el que Mauricio Macri se impuso a Daniel Scioli, en noviembre pasado. Lo que ocurrió en la Cámara de Diputados fue, en los hechos, una demostración palmaria de que el FpV ya no está en posición de imponer condiciones, ni siquiera cuando impulsa una causa compartida con otras fuerzas de oposición.
El fracaso de la sesión especial, que no consiguió el quórum para tratar la ley antidespidos, también fue un golpe para el Bloque Justicialista, cuyos integrantes se apartaron del FpV en la Cámara baja pero que en esta oportunidad fueron detrás de la maniobra kirchnerista, sin obtener rédito alguno. La izquierda y algunos legisladores progresistas completaron el acto fallido.
Como si se tratara de una cada vez menos disimulable interna peronista, el ganador de la jornada fue Sergio Massa, quien fijó una postura contraria a la del kirchnerismo y sólo se le extravió del rebaño un diputado, el sindicalista de la sanidad Héctor Daer. Los otros 39 del interbloque UNA acataron su indicación, incluso Facundo Moyano, pese a su carga familiar.
Por su parte, los referentes de la alianza gubernamental Cambiemos en el Congreso respiraron aliviados. Los diputados Mario Negri, Nicolás Massot y Elisa Carrió aprovecharon el notorio traspié del kirchnerismo para ratificar que la ley antidespidos “no le sirve” al país, en línea con la Casa Rosada, aunque saben que el miércoles próximo deberán tratarla en sesión ordinaria.
Sin embargo, para que no se hable sólo de esta iniciativa opositora, el oficialismo incluirá en el temario de esa sesión dos proyectos propios: acceso a la información e IVA social, según pudo saber EL DIA ayer en la Cámara de Diputados. Allí también se destacó que el próximo martes se reunirá el Consejo del Salario y que seguramente se elevará el seguro por desempleo.
Como siempre, la línea menos contemplativa con los reclamos de la oposición la bajó Carrió. En el salón de los Pasos Perdidos, contiguo al recinto de sesiones, “Lilita” volvió a reclamar que se exija a los sindicalistas la presentación de sus “declaraciones juradas. Y además tuvo duros cuestionamientos para los empresarios, en su condición de “libre pensadora”, según dijo.
“Me estoy enfrentando a los formadores de precios”, aseguró la diputada y luego disparó con munición gruesa: “Algunos se humillaron con Moreno y se desbocaron ahora con la libertad”, arremetió. Enseguida, aclaró que se estaba refiriendo a Arcos y Molinos Río de la Plata. “Las proyecciones dicen que en tres meses estaremos con una inflación del 1% mensual”, estimó.
Unos metros más allá, dentro del recinto, el jefe de la bancada del FpV, Héctor Recalde, se quejaba ante el presidente de la Cámara, Emilio Monzó, porque a los diputados presentes no les habían llevado “ni una botella de agua”, algo que “no se le niega a nadie”, chicaneó. A su lado estuvo Máximo Kirchner, con una campera negra, sin abrir la boca en toda la sesión.
Cuando admitió la derrota –es decir la imposibilidad de reunir 129 diputados- luego de una hora de espera, Recalde hizo un discurso muy aplaudido por Axel Kicillof, pese a que arrancó con una admisión: “Esto para nosotros es una frustración”, dijo el abogado laboralista que durante años secundó a Hugo Moyano, pero que luego terminó en el kirchnerismo duro.
Mientras tanto, el referente del Bloque Justicialista, Diego Bossio, ya deambulaba por Pasos Perdidos y cuando se cruzó con el macrista Massot, le preguntó con sorna: “¿Por qué no vas a debatir Nicolás?”. El joven diputado del PRO le respondió también con ironía: “Decime Diego, ¿Cuántos son?”. Después llegó Massa y copó la escena, fiel a su estilo político y mediático.
“Quiero transmitirle tranquilidad a la sociedad. Se terminó una etapa en la Argentina”, dijo en referencia al kirchnerismo, que hasta diciembre pasado manejó a “gusto y piacere” la actividad parlamentaria. De todos modos, también dejó una advertencia para el gobierno de Mauricio Macri: “Tenemos conciencia de que hay gente que sufre porque la plata no le alcanza”, afirmó.
La jugada de Massa, que dejó un sabor amargo a los kirchneristas, no pasó inadvertida para legisladores de origen sindical. El que no se privó de mostrar su bronca con el jefe del Frente Renovador fue el petrolero Alberto Roberti. Pero inesperadamente, le granjeó el acercamiento de Darío Giustozzi, su socio electoral en 2013, con quien presentaron un dictamen conjunto.
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