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“45 años”, de Andrew Haigh

Por Redacción

Kate y Geoff están a punto de festejar sus 45 años de matrimonio. Viven sin prisa, en una casona de las afueras. No tienen hijos ni preocupaciones. Pero una carta traerá una noticia que sacudirá esa mansa existencia. Kate siente que el piso se mueve a sus pies.

No está en juego la fidelidad sino algo igualmente perturbador. Le duele la deslealtad, ese secreto tan guardado. Y le cuesta perdonar. Siente que ha estado junto a un hombre al que nunca conoció del todo, un marido que guardó en un altillo el recuerdo de un amor inolvidable y que cuando salió a la luz le terminó echando sombras a un vínculo que acaso haya sido el sobrante de una historia mejor. Ya nada será igual.

Y el plano final de Kate en la celebración del 45 aniversario, con esa mirada tan agridulce, le da su sentido final a este film triste y sentido, que acumula escenas obvias, es cierto, que al comienzo es medio plañidero, pero que nos recuerda la fragilidad del amor, lo fácil que resulta derrumbar aquello que parece inmenso. Como casi todo film sobre afectos en la tercera edad, ella es la que pone el color y tono a la cosa y él es un cascarrabias que necesita a cada rato de su compañera.

Hay algunas escenas excesivamente endulzada en el fragmento inicial, quizá para hacer más fuerte el contraste con la tensión de las secuencias finales. Y no es un film hondo ni sutil, pero al menos sortea con elegancia ese lugar común de tantas películas sobre amores veteranos que suelen exagerar con las emociones y el mensaje esperanzador. Aquí todo es más solapado, menos explícito. ¿Cómo seguirá todo?

Eran felices, apareció algo del ayer, el matrimonio se sacude, pero a cierta edad perdonar es más cómodo. La vida matrimonial está tan expuesta, el amor es tan vulnerable, que el amor de Kate y Geoff está sometido a los pequeños sinsabores que traen el paso del tiempo, las limitaciones que impone y los cuidados que exige.

El es impenetrable incluso para el espectador. Taciturno, huidizo, el realizador no le dedica primeros planos para que no podamos conocerlo del todo. ¿Fue siempre así?

El film nos recuerda que cada uno es distinto con cada amor. Kate celosa del ayer, no sabe en qué lugar ubicarse. Y Geoff parece incómodo en cualquier lugar, incluso en los festejos, como esquivando un espíritu melancólico que no se acomoda del todo a esa vida llena de escondites y silencios. No es una película lograda, pero es serena, respetuosa e invita a la reflexión (*** BUENA).

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