Muchos analistas coinciden en que los plazos del juicio político contra Dilma se van a acelerar. La suspensión -como se sabe- es por seis meses. En ese lapso se tramitará el impeachment. Pero un hecho político-institucional obligaría a acelerar todo: en octubre habrá elecciones municipales en Brasil. Y el PT no podría darse el lujo de llegar con una situación irresuelta y en medio de un tembladeral, con Dilma sometida a juicio. Por eso estiman que en noventa días, el desenlace quedaría sellado.
El PT está preocupado con las elecciones de octubre, que servirán para elegir alcaldes por cuatro años en todos los municipios de Brasil. La evaluación de la dirección del partido es que el impacto de los escándalos de corrupción y el desgaste que derivó en la salida de Rousseff influencian más a los electores de ciudades grandes que de los pequeños municipios, donde prevalecen los asuntos locales. Actualmente, el PT controla 15 de las 83 alcaldías de Brasil en las que las elecciones se disputan en segunda vuelta (ciudades con más de 200.000 electores).
Los análisis mayoritarios, evalúan como casi imposible que Dilma vuelva al poder. Creen que la destitución es prácticamente inevitable. Sobre esa base, muchos consideran que habrá necesidad política de acelerar los plazos y llegar a las elecciones de octubre con un contexto político menos adverso para el PT de Lula y de Roussef.
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