Cualquier situación de crisis sirve de estímulo para alentar sus ansias de comprar y consumir. Su deseo se adquirir se exacerba con el mínimo pretexto. Entre el uno y el cinco por ciento de la población intenta “espantar” su depresión comprando compulsivamente.
Son los “maníacos de la compra”, que adquieren lo que no necesitan y gastan lo que no pueden, para después sentirse culpables e insatisfechos, entrando en un círculo vicioso del que sólo salen con la ayuda de un psicólogo o los medicamentos.
Para ellos, comprar se vuelve imperativo y avasallador. Algunos llegan incluso hasta la ruina económica, y la mayoría sufre importantes perjuicios en su vida personal y social.
Los “compradores compulsivos” son un nuevo tipo de enfermos de la sociedad de consumo, afectados por un serio trastorno que también se conoce como “consumismo patológico”, “shopping-manía”, “adicción a las compras” o “vértigo de la vidriera”.
Todos hemos sentido alguna vez el deseo irrefrenable de comprar una prenda de vestir, un libro, un compact-disk o cualquier otro objeto que nos atrae, y hemos decidido darnos ese gusto. Estos “caprichos terapéuticos” son pequeñas autorrecompensas o premios, que se olvidan una vez satisfechos y no nos causan problemas.
En cambio, los compradores compulsivos no pueden dejar de adquirir objetos que no les sirven, empleando más dinero, tiempo y posibilidades de las que disponen, para arrepentirse después y tratar de sobreponerse volviendo a comprar.
Caen en un circulo vicioso que, en los casos más extremos, puede conducirles a la ruina económica o al divorcio, así como a la estafa, el robo, el tráfico de drogas u otros medios de conseguir dinero, o incluso llevarles a un intento de suicidio.
La adicción a la compra comenzó a estudiarse como un trastorno en la década de 1980, cuando se detectaron casos de jóvenes obsesionados por vestir como sus ídolos. Los expertos calculan que actualmente entre el uno y el cinco por ciento de la población de los países desarrollados son compradores compulsivos, en distintos grados, muchos de ellos sin saberlo.
En los armarios de algunos adictos al consumo se guardan decenas de pares de zapatos, anteojos de sol o prendas de vestir idénticos.
Hay quienes compran un producto y vuelven al mismo negocio al día siguiente para adquirir más cosas y así varias veces por semana. Según una publicación británica de sociología, las mujeres compran más antes que durante la menstruación, y existe una conducta pasiva-agresiva de la esposa contra su marido, que se expresa a través del uso de la tarjeta de crédito. Pero estos datos llamativos deben contrastarse con mayor rigor científico.
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