Algunos podrán decir que los “efectos colaterales” de las protestas son inevitables. Pero ¿es necesario agravarlos? ¿No alcanzaría con ponerse en el lugar del otro para entender que la quema de neumáticos puede afectar la salud de terceros; arruinar mercadería de comerciantes o contaminar la atmósfera de viviendas y locales?
La quema de neumáticos agrega en los piquetes un componente de violencia. Intimida, además de contaminar. Y plantea, por si fuera poco, el riesgo de un incendio. Es simple: hay que ponerse en el lugar del otro.
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