La protesta universitaria no terminaría de entenderse sin calibrar algunos ingredientes políticos. La continuidad de los paros, así como el paisaje de clases públicas y movilizaciones, contrastan con la actitud de los gremios y agrupaciones universitarias en la última década. ¿Qué cambió en relación a las universidades? Por ahora, nada muy concreto. De hecho, el Presupuesto que tienen asignado para este año es el que diseñó en 2015 el anterior Gobierno. Y la actual administración les ha dado un refuerzo para afrontar los mayores gastos derivados del ajuste tarifario.
Hay datos que no se les escapan a quienes analizan las aristas de la protesta. La Universidad de La Plata, institucionalmente, asumió una posición de virtual alineamiento con el ex oficialismo antes del ballotage en el que Macri se impuso a Scioli. Fue en un documento que firmaron desde el rector hasta los decanos, menos la de Medicina.
En el rectorado de La Plata llegaron a hacerse actos de campaña proselitista; uno de ellos encabezado por el ex candidato a vicepresidente Carlos Zannini.
Fue la UNLP la que fogoneó en plena campaña la aprobación de la reforma que impone el ingreso irrestricto; cuestionada ahora en la Justicia. Son datos sueltos. Pero forman parte del contexto.
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