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Por Redacción

Los conflictos fueron una constante en la carrera de Osvaldo

En poco más de una década, Daniel Osvaldo pasó por numerosos clubes, y a partir del último episodio que vivió en Boca, no hizo más que certificar el grado de conflictividad del goleador. Enfrentamientos con entrenadores, como el que tuvo la noche del jueves en Uruguay con Guillermo Barros Schelotto; también con compañeros e hinchas; provocaciones y actos de indisciplina varios, marcaron el tránsito de “Dani Stone” por equipos que abandonó, por lo general, en forma traumática.

Amante del rock, Osvaldo ha llevado una vida rebelde, con actitudes impulsivas, y comportamientos enfrentados a la vida de un deportista profesional.

Cuando llegó a Boca, lo hizo mostrando un perfil diferente a su pasado, y mostrándose agradecido por la posibilidad de jugar con la camiseta del club del cual es hincha.

Pero su relación con mujeres que pasaron por su vida sentimental, las cuales tomaron estado público; su participación en festivales de rock en los que tuvo un protagonismo principal; y ya en su segunda etapa las lesiones que lo postergaron primero con Rodolfo Arruabarrena como DT y a continuación con el Mellizo, resultaron un cóctel explosivo.

Nacido en Lanús, el goleador debutó en Huracán, club que dejó muy joven para luego incorporarse a clubes como Atalanta, Lecce, Fiorentina, Bologna, Espanyol, Roma, Southampton, Juventus, Inter de Milán, Porto y Boca, único club en el que tuvo dos etapas.

Nunca gambeteó los escándalos, ni dentro de la cancha, y menos fuera. Compañeros de equipo, hinchas, técnicos y rivales supieron ser destinatarios de sus arrebatos de locura.

Uno de la serie lo protagonizó con Leandro Desábato, cuando en medio del partido Osvaldo agarró un puñado de pasto del terreno de juego para ofrecérselo al marcador de Estudiantes.

El primer episodio que generó polémica se remonta a los tiempos en los que Osvaldo jugaba en el Espanyol de España, y negociaba con la Roma, de Italia, momento en el que trascendió que habría asegurado que el club español no era grande y enaltecía el estadio Olímpico de los italianos. Pero en el conjunto capitalino también protagonizó una salida ruidosa. Allí también supo expresar su malestar por ser incluido poco tiempo en un partido, más precisamente en la final de la Copa Italia, ante Lazio, y enfrentó al entrenador, Aurelio Andreazzoli, con quien se cruzó a través de las redes sociales.

No fue el único problema que tuvo ahí, porque se peleó con el también argentino Erik Lamela, ex River, al que habría golpeado en el vestuario después de una jugada en la que el juvenil no le entregó la pelota en una jugada puntual. Más: desafió a pelear a los fanáticos que lo calificaron de “pesetero”.

Este cuadro de situación, con el agregado de una denuncia de su ex mujer por no cumplir con la cuota alimentaria, apuró su salida a Inglaterra, donde en el semestre que jugó para el Southampton se peleó con su compañero José Fonte y fue suspendido por “conducta inapropiada” y “falta de profesionalismo”, según lo acusó el DT Mauricio Pochettino.

Luego de un corto paso por la Juventus, su último altercado en Europa lo protagonizó en el Inter cuando tuvo que ser frenado por Fredy Guarín para que no le pegara a Mauro Icardi, otro argentino, y compañero de equipo suyo, quien no le dio la pelota en una jugada clara para convertir. A consecuencia de ese episodio, el club milanés le dio la posibilidad de negociar con Boca.

Como parte del plantel de Boca, Osvaldo fue sorprendido varias veces fumando en la vía pública y en recitales de rock, y cuando se jugó la final del Mundial de Brasil, entre Argentina y Alemania, el delantero fue captado a las piñas en un sector del estadio Maracaná.

En su primera etapa, más allá de la provocación a Desábato, protagonizó un entredicho con el uruguayo Carlos Sánchez, de River, por buscarlo por un supuesto episodio familiar y gestos a la parcialidad riverplatense; mientras que su regreso a la entidad boquense fue para el olvido. En un principio buscó cuidar su imagen, respondiendo a los términos de un contrato que firmó con cláusulas puntuales, pero las lesiones lo postergaron hasta que reapareció el jueves en cuartos de final de la Copa Libertadores. Jugó cinco minutos, y explotó. Dejó la cancha furioso, prendió un cigarrillo en el vestuario y discutió mal con Guillermo Barros Schelotto.

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