Por | IRENE BIANCHI
mail: irenebeatrizbianchi@hotmail.com
Twitter: @irenebianchi
- ¡Hola Hilda! Ya creíamos que pegabas el faltazo. ¿De dónde venís, si no es indiscreción preguntar?
- De Misa. Hoy es domingo. Ustedes ni lo registran porque son herejes.
- ¿A la iglesia? ¿Así vestida?
- ¿Y qué tiene de malo?
- ¡Las calzas, nena! ¿Te dejaron entrar?
- ¡Obvio! ¿Por qué no?
- ¿Cómo? ¿No te enteraste lo que dijo el curita mendocino, párroco en Zárate? “Ni calzas ni jeans ajustados. Ninguna prenda que provoque.”
- Me estás jodiendo.
- ¡Para nada! Es posta. Esperá que googleo la noticia.
- Pero ese señor atrasa varios siglos. ¿O será que está proyectando sus propios impulsos reprimidos? Que lo revise en terapia.
- Mirá. Acá está. “Las mujeres deben vestirse con ropa decorosa, con pudor y modestia”. Carlos Scarlata se llama el sacerdote en cuestión.
- Escarlata se habrá puesto cuando lo interceptaron los noteros.
- Entre la “ropa no permitida” en el templo, incluyó: minifaldas. transparencias, musculosas, “puperas”, shorts y ojotas.
- Es un piantavotos. Pésima estrategia para que la juventud vaya a Misa. Así los espanta.
- ¿Y las novias? Vieron que últimamente los vestidos de novia son super escotados. ¿No las casará? ¿Las tapará con una frazada?
- Y fue más preciso. Puso un cartel explicando cómo es “la vestimenta cristiana femenina”: “ropa suelta, sin escote, ni tajos, con mangas y la falda debajo de la rodilla”. Otro letrero parecido para los varones, que tampoco pueden entrar con gorros, ojotas, musculosas o pantalones cortos.
- En cualquier momento, reflotamos la mantilla para cubrirnos la cabeza, como cuando tomamos la Primera Comunión, ¿se acuerdan?
- “Debajo de la sotana, hay un hombre”, dijo, intentando justificarse.
- Bueno, pero entonces queda claro que el problema es de él, no de la feligresía. Si a él lo excita o lo perturba ver una mujer en minifalda o con el ombligo al aire, tal vez tenga que repensar si desea o no seguir cumpliendo con el voto de celibato que le impone la Iglesia.
- Yo creo que si a los curas se les permitiera optar, y si algunos de ellos se casaran, entenderían mucho mejor los problemas de la gente real.
- No le pidas peras al olmo, Moni. Les cuesta aggiornarse.
- Hay algo peor todavía. Alguien contó que si este cura ve a una mujer dándole el pecho a su bebé, la saca. Le debe parecer pecaminoso.
- Yo revisaría el baño de la parroquia para ver si no tiene unas cuantas revistas “Hombre”, “Rico Tipo” o “Playboy” encanutadas.
- No es casual que este cura se llame Scarlata. ¿Se acuerdan de la novela “La Letra Escarlata”, de Nathaniel Hawthorne? Cuenta la historia de una mujer acusada de adulterio en la Nueva Inglaterra ultra puritana del siglo XVII, condenada a llevar una letra “A” en su pecho. El autor ya denunciaba la hipocresía de la sociedad de la época.
- ¡Pobre Scarlata! Hizo un casting de apellidos. Hoy brindemos con vino de misa: ¡Chin, chin!
SUSCRIBITE a esta promo especial