La clase media se extingue en las principales ciudades de Estados Unidos. Una brecha cada vez más grande en la riqueza ha empujado a más familias hacia los grupos de mayor o de menor ingreso en las principales zonas urbanas, y cada vez quedan menos en el medio. Así lo reveló un reporte publicado por parte del Pew Research Center.
En casi el 25% de las zonas metropolitanas, los adultos de clase media ya no conforman la mayoría, de acuerdo al análisis de Pew. Eso representa un marcado incremento respecto al casi 10% que se registró en 2000.
Pew define la clase media como las familias cuyos ingresos se ubican entre las dos terceras partes y el doble de la mediana de ingresos, ajustados al tamaño del núcleo familiar y al costo local de vivienda. De acuerdo a la definición de la consultora, una familia de tres personas se ubicó en 2014 en la clase media si su ingreso anual fue de entre 42.000 y 125.000 dólares.
Los adultos de clase media ahora conforman menos de la mitad de la población en ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Boston y Houston.
El marcado cambio es reflejo de una extensa erosión ocurrida entre 2000 y 2014. En ese lapso, la clase media se encogió en nueve de cada 10 zonas metropolitanas, reveló Pew.
La compresión de la clase media ha animado las campañas presidenciales de este año, dándoles impulso a candidatos rebeldes como Donald Trump y Bernie Sanders. Muchos expertos advierten que la ampliación de la desigualdad salarial podría frenar el crecimiento económico y dificultaría la movilidad social. Investigaciones académicas han revelado que en comparación con los niños que crecen en comunidades con mayor diversidad económica, los niños que crecen en vecindarios predominantemente de clase baja, son menos propensos a ascender a la clase media.
UN EJEMPLO DE DECLIVE
Wendell Nolen, de 52 años, ha experimentado de primera mano el declive de la clase media. Hace ocho años, ganaba 28 dólares (unos 406 pesos) la hora como trabajador en una fábrica de Detroit, donde ensamblaba ejes para pickups y camionetas. Pero a inicios de 2008, se acabó la buena vida. Luego de una huelga de tres meses, Nolen aceptó una liquidación en lugar de una reducción salarial. Menos de un año después, la fábrica cerró.
Ahora, Nolen gana 17 dólares (unos 246 pesos) la hora en el departamento de envíos para una fabricante de acero de Detroit, cerca del 40% menos de lo que ganaba en su antiguo empleo.
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