Para mí no hay dudas de que Paul McCartney es el Mozart de nuestros días, por su riqueza musical y su variedad estilística. Ya sea en su época con los Beatles, con su banda Wings o como solista, en los 80’s, 90’s o ya en este siglo, siempre encontrás buen nivel en su producción.
Cuando tocás sus temas en vivo te das cuenta de que hay que poner mucho esfuerzo físico -por su destreza con el bajo o por su forma de cantar- y además mucho sentimiento, porque si no pierden sentido.
Como bajista, Paul es único; yo creo que por el hecho de haber empezado con su famoso Hofner “violín”, que tiene la particularidad de que las notas son cortas, sin mucho sustain, se vio obligado a llenar los espacios con muy buenas líneas melódicas, un recurso inusual para la mayoría de los bajistas y más en sus primeros tiempos. Eso le da un toque distintivo y muy rico.
Por otra parte, cantar sus temas no es fácil, ya que su registro es siempre alto... y cuando le pone garra es muy difícil de empardar.
Abarcar lo más representativo de su carrera es una tarea compleja, entre sus temas destacados de los Beatles -tal vez los más personales-, la valiosa etapa de Wings en los ‘70s y su discografía solista posterior. No podría ser de otra manera con un tipo que ya lleva cinco décadas y media de darnos la mejor música.
* Por Fernando Blanco.
Cantante y bajista de Nube 9, banda tributo a The Beatles.
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