Desde chico soñé con conocer a alguno de los Beatles, porque me marcaron como a muchos músicos. Me cambiaron la vida e hicieron que armara una banda de rock. Era una mezcla entre el sueño de un chico de conocer a sus ídolos... y el de un tipo bastante más grande.
Cuando supe que Paul McCartney venía por primera vez al país en el ‘93, mucho tiempo antes empecé a hacer todas las conexiones posibles para ser su telonero, y así fue. Ensayé varios meses diez temas con una banda que tenía un reto: sonar muy prolija, ya que cabía la posibilidad de que él nos escuchara y eso hacía todo tremendamente más emocionante.
Fueron tres shows en el estadio de River, los más importantes de mi vida, en los cuales tocamos antes que Paul. La gran anécdota fue que en un momento de la segunda noche, miré al costado del escenario, y lo vi atrás de la consola de monitoreo escuchando y alentando nuestro show. Estaba con su hijo y todos los integrantes de la banda.
Tuve la oportunidad de charlar con él varias veces esos días, lo que me dejó uno de los aprendizajes más sentidos de la vida: amigarme con mi pasado. Me dijo que si él estaba ahí en ese momento era por haber sido un Beatle y estaba orgulloso de eso. A mí me pasó algo parecido con la separación de Sui Generis, y al igual que Paul, con el tiempo me fui dando cuenta del valor y de la suerte que tuve de ser un Sui y de haberlo fundado junto a Charly.
* Por Nito Mestre.
Cantante y compositor.
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