Mauro tiene 20 años y trabaja como repartidor de una conocida pizzería de Villa Castells. Anoche, como tantas otras veces, se adentró en el corazón de ese barrio para llevar un pedido. Sin embargo, se topó con una situación inesperada: un joven de su misma edad, que andaba a caballo, lo amenazó verbalmente -con sacar un arma- y le robó todo el dinero que llevaba encima.
Acto seguido, con la plata en su poder, el ladrón se trepó nuevamente al equino y escapó al trote como si nada hubiera pasado.
El insólito episodio ocurrió en la intersección de las calles 4 y 499 y, según le contó el propio damnificado a este diario, “como está todo, ni me resistí. Le entregue la plata y me quedé quieto”.
Mauro, se supo, es empleado de un local que funciona en 13 y 501. Y sobre el asalto recordó que había dejado una pizza “Vicente Biloni” (mozzarella, panceta y huevo), otra “Lalo Maradona” (rúcula y parmesano) y media “Lanchita Vicio” (mozzarella y jamón), tal como se denominan en su local. Pero el dinero que percibió terminó en manos del delincuente, que se manejó como en el Far West.
“El barrio está complicado. Soy vecino y no vemos ni un patrullero”, se quejó la víctima del robo.
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