Destacada docente universitaria, emprendedora educativa en diferentes niveles de enseñanza, y activa integrante de la orden de Schöentatts, María Teresa Josefina Benavides de Irurueta falleció en nuestra ciudad, lo que provocó múltiples muestras de profundo pesar en diferentes ámbitos de la Región.
Había nacido en La Plata, el 9 de julio de 1939. Hija de Victorino Benavides e Inés Aura Sagastume Berra, fue la mayor de cuatro hermanos.
Realizó los estudios primarios en la Escuela Anexa de la Universidad Nacional de La Plata y los secundarios en el Liceo. En la Universidad Nacional de La Plata se graduó como profesora de física y matemática.
Gran parte de su carrera docente la desarrolló en la facultad de Ingeniería de la UNLP, donde llegó a ser jefe de trabajos prácticos de la cátedra de física y se jubiló en esa casa de altos estudios. También ejerció la docencia en esa disciplina en la extensión que la facultad abrió en la ciudad bonaerense de Junín.
Pero su labor por la educación estuvo lejos de agotarse en el rubro universitario. Inquieta por el desarrollo de un emprendimiento educativo integrador, formó parte de la fundación del Instituto José Manuel Estrada de City Bell, desde 1991.
También se ocupó de la educación católica y dio clases de catequesis familiar durante muchos años en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, de City Bell.
Tuvo seis hijos: Martín, Facundo, Gervasio, Juliana, Catalina y Magdalena, y la familia se amplió con la llegada de quince nietos, a quienes le dio todo su amor y dedicación.
Viajes por placer a Estados Unidos y diferentes países de Europa fueron parte de sus principales gustos que se dio junto a su esposo, Jorge Marcelo Irurueta, arquitecto.
Carmelo, Uruguay, fue otro de los lugares elegidos para viajar, pero en este caso para las vacaciones en plan familiar.
Resultaba muy agradable una conversación con María Teresa por su enorme conocimiento y cordialidad a la hora de entablar un diálogo, en el que siempre dejaba una enseñanza, una sugerencia oportuna o bien el sencillo arte de lo ameno y cordial, marca registrada en su personalidad.
Los colegas y alumnos siempre resaltaron su forma tan dinámica de enseñanza, en materias complejas como matemática y física, realizándo las clases de tal manera que resultaba muy difícil no aprender por la pasión y sencillez de hacer cada concepto que parecía difícil en un mensaje fácil y de buen aprendizaje.
Un ejemplo de fe en Dios, fue madraza de propios y ajenos, enseñando a ser madre, inculcando los valores de la honestidad, respeto, justicia, humildad, generosidad, perseverancia, esfuerzo y sacrificio, tolerancia y perdón, confianza y fe. El calor del hogar que se sentía en su casa parecía ser un imán para vecinos, compañeros de colegio y parientes.
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