El escándalo que sacude por estas horas a la Asociación de Fútbol Argentino tiene como eje central el interés de un grupo de clubes de poner en marcha una Superliga que apunta, fundamentalmente, a generar más ingresos económicos para tratar de sacar a las instituciones más chicas de la crisis terminal que enfrentan.
Eso es al menos lo que han dejado entrever las entidades que pelean por imponer el nuevo formato con el liderazgo de Angelici, D´Onofrio y Lammens.
Engordar los recursos económicos es el pretexto y establecer una distribución de recursos entre los clubes más grandes y más chicos.
En la vereda de enfrente se encuentran Hugo Moyano y su yerno Chiqui Tapia (representante de los clubes de ascenso) que formaron un bloque muy consistente para presionar e imponer su postura.
Vale destacar que la Superliga sería un certamen que no dependería en la organización de la Asociación del Fútbol Argentino e impondría una notable reducción de equipos: se volvería al torneo de 20 conjuntos y no los 30 que actualmente juegan en primera.
La organización del nuevo campeonato propone una nueva distribución de los recursos económicos entre los clubes, como así también la potestad sobre la administración y comercialización de los derechos de la TV. En principio, la primera división recibiría alrededor del 85 por ciento de los recursos que se generen en el fútbol y ese dinero se repartiría un 50 por ciento en partes iguales entre todos los clubes y el 50 por ciento en relación a un ranking confeccionado en base a títulos conseguidos y cantidad de socios, entre otros aspectos.
Mientras que Rodolfo D'Onofrio (River), Daniel Angelici (Boca), Matías Lammens (San Lorenzo) y Víctor Blanco (Racing) son sus principales defensores e impulsores, Hugo Moyano (Independiente) y Claudio "Chiqui" Tapia (presidente de Barracas Central y uno de los máximos referentes de los clubes del ascenso) se han expresado en contra.
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