Como casi todos los fenómenos sociales de la época, tuvo su bautismo y ese fue con el nombre de “nomofobia”, que es lo mismo que decir miedo a estar sin el celular. Pero no fue lo único: la manía con los teléfonos inteligentes parece no tener límite y algunos decidieron llamar “phubbing” a la acción de interponer el smartphone mientras se conversa con otra persona. La palabra surgió de la unión entre phone (teléfono) y snubbing (menospreciar). En nuestro país, una encuesta reciente a mil personas mayores de 16 años reveló que 8 de cada 10 argentinos están de acuerdo con que hay un mal uso del celular en términos de respeto hacia las personas de alrededor. Pero 4 de cada 10 señalan que aunque “sus hábitos son cuestionables”, no los cambiarán porque “nadie lo hace”. El telefonito conectado a Internet todo el día soluciona la vida y ayuda a ahorrar tiempo, pero muchos consideran que puede ser un elemento para volvernos maleducados o, lo que es peor, dependientes de su tecnología. La explosión de las redes sociales como Facebook y Twitter y la promoción de las empresas de telefonía celular contribuyeron a crear esta necesidad de mirar todo el tiempo a la pantalla. Ahora, con los smartphones multiplicados como panes en las manos de los usuarios, algunos creen que esa necesidad puede disminuir no eliminando el telefonito pero sí, al menos, tapando esa pantalla.
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