Paul McCartney no hizo, en la gran noche del Estadio Unico, ninguna alusión a La Plata. Abrió con un clásico “Buenas noches, Buenos Aires” (una “licencia” que se podría admitir porque de alguna forma es un lugar común para cualquier estrella internacional que desembarca en Argentina), pero después insistió una y otra vez con Buenos Aires como referencia de su segundo recital en el país. Llegó a preguntar al público “¿Quiénes son de Buenos Aires? ¿Y quiénes son de otros lugares de Argentina?” Ante la respuesta de este segundo grupo, dijo: “Ok; bienvenidos a Buenos Aires...”
En Córdoba había sido más “localista”. Apeló a un controvertido “Hola culiados...” para identificarse con un clásico del lunfardo cordobés. Pero en su primera presentación en nuestra ciudad, dio la impresión de que nadie le había avisado que estaba en La Plata y no en un suburbio de Buenos Aires. Resultaría forzado suponer que, en rigor, aludía a la Provincia.
Con los Rolling Stones, hace pocas semanas, Mick Jagger hizo una alusión a la rivalidad entre Estudiantes y Gimnasia. No hizo falta más para saber que no ignoraba dónde estaba. Más lejos en el tiempo, cuando vino la banda irlandesa U2, Bono habló de “la ciudad de las calles sin nombre”.
Paul todavía tiene tiempo. Mañana vuelve a La Plata, que nació con una marca distintiva; que forjó una identidad propia y reconocible apenas se llega a sus avenidas y diagonales; que está orgullosa de su Estadio Unico y de recibir a estrellas del inmenso tamaño de McCartney. Bienvenido a La Plata.
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