El hincha sin dudas lo vivió de manera especial. Es que en nuestro fútbol de hoy, ya no existe salir de la cancha propia. En el recuerdo quedó aquello de armar movilizaciones, una especialidad del Triperío, que cada 15 días salía a la ruta a donde fuera, con micros de filiales, agrupaciones y barriadas, con combis y autos particulares, con banderas flameando por la Autopista. Por eso la expectativa, las ganas de la gente por poblar una tribuna que no fuera la del Bosque, y la sorpresa para muchos al ver que un miércoles en la tarde-noche no paraban de entrar hinchas del Lobo, aún cuando iban 15 minutos del primer tiempo. Tal es así, que tras llenar la cabecera (habitualmente visitante), el cordón policial que había en la tribuna lateral se fue corriendo a medida que entraba y entraba gente, terminando a la altura del otro arco.
Ya una hora antes del inicio del encuentro, la gente empezó a colgar las banderas en el alambrado y los hinchas a subir los escalones. Bombos, redoblantes y trompetas le pusieron ritmo al frío atardecer. “Dale Lobo, dale Lobo...”, cantaba la gente en la previa esperando ver en el campo de juego a los hombres de azul y blanco. Enfrente, poco más de 300 hinchas del Aurinegro cantaban y desplegaban muchas banderas, tras haber arribado unas horas antes desde Puerto Madryn con la intención de ver este histórico partido para los dirigidos por Jorge Izquierdo.
Los aplausos para el debutante Alexis Martín Arias cuando asomó con su buzo naranja y cuando en el complemento fue a ocupar el arco y “La 22” quedó detrás suyo. La noche especial para Fito Rinaudo, que fue el capitán, y que anoche pudo haber jugado su último partido con la camiseta que tanto ama, ya que se termina su préstamo.
Pero la cosa no arrancó bien para los de Lechuga Alfaro que conoce el Estadio “Julio Humberto Grondona” como la palma de su mano. Por que el Depor sorprendió poniéndose 1-0 con el gol del Pelado Michelena ante la pasividad de la dupla central Coronel-Benítez que tuvo un partido muy flojo. Aquellos que salieron rápido del trabajo y esquivaron sus actividades para poder llegar sobre la hora, no podía creer que el equipo estuviera perdiendo ya a los 15 minutos. “Movete Gimnasia movete... movete dejá de joder, que esta hinchada está loca, hoy no podemos perder”, retumbaba en Sarandí. De a poco el Lobo se acomodó y lo que no conseguía por mérito propio, se lo “regaló” Deportivo Madryn con el gol en contra del defensor Mansilla que de punta venció a su propio arquero. Era el 1-1 pero no alcanzaba, aunque el primer tiempo no se modificaría.
“Y dale Lobo, por vos dejo la vida...” cantaba la gente y saltaba buscando empujar a sus jugadores tras un primer tiempo donde dejaron bastante que desear. Claudio Cristofanelli, uno de los ayudantes de Alfaro, desde un palco anotaba y seguramente pensaba en cómo hacer para arreglar el funcionamiento del equipo. Hasta que Maxi Meza que jugó como la gente pedía, no dio por perdida una pelota, la luchó sólo contra varios rivales y sacó un centro al ras para su vecino del barrio allá en Caá Catí, Nico Contín, y el Tanque que puso el 2-1.
Los cambios no dieron su efecto y el pobre de Gustavo Bou que con el frío que hizo se fue hasta Sarandí para ver a su hermano Walter, que prácticamente no la tocó cuando entró. Lo mejor de la noche sin dudas fue la gente del Lobo que volvió a dar muestras de su apoyo incondicional, hizo su propia fiesta, y en el final más de un corazón se detuvo cuando a segundos de terminar Asprilla sacó un remate que reventó el poste derecho y de milagro no hubo penales. Con la victoria consumada, festejó el pase a 16avos., pero antes de abandonar el Viaducto el hincha le regaló una gran ovación a Rinaudo, “Fito no se va... Fito no se va...”, a lo que el volante se llevó su mano derecha al corazón y levantó la izquierda saludando. La imagen final de una fría noche donde el Lobo ganó, pero nada más, y por eso el hincha se volvió por la Autopista preocupado.
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