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Científicos platenses hallan restos de aves gigantes

Por Redacción


Las últimas semanas trajeron curiosas noticias paleontológicas que contaron con la participación de científicos del CONICET en el Museo de La Plata: por un lado, que los gigantescos osos que hace más de 10 mil años habitaron los hemisferios sur y norte no eran parientes tan cercanos como se creía y, por el otro, que definitivamente en la Antártida existieron los pelagornítidos, aves de 7 metros de ancho que tuvieron su apogeo hace 35 millones de años. Ambas novedades se dieron a conocer en las revistas Biological Letters y Journal of Paleontology, respectivamente.

La otra novedad paleontológica consiste en el hallazgo en territorio antártico de restos de pelagornítidos, aves marinas extintas cuya existencia en esa parte del mundo se sospechaba pero no terminaba de confirmarse. Estos pájaros primitivos se caracterizaban por su gran tamaño y por poseer pseudo dientes en el borde del pico. Si bien se conocía su presencia en otras partes del planeta, hasta ahora la evidencia recogida en el continente blanco no permitía asegurar que también allí se hubieran establecido. Finalmente, se acaba de comprobar que sí lo hicieron, y durante muchísimo tiempo: entre 34 y 50 millones de años atrás, durante el Eoceno de Antártida.

“Los estudios también nos revelan que hubo al menos dos especies de pelagornítidos: unos grandes, de 5 metros de ancho con las alas abiertas, y otros gigantes, con hasta 7 metros en la misma medida”, cuenta Carolina Acosta Hospitaleche, investigadora independiente del CONICET y participante de la investigación. Estas aves, señala la especialista, coexistieron en esa parte del planeta junto con pingüinos y albatros, pero no se adaptaron tan exitosamente como aquellos a los cambios del medio ambiente, y desaparecieron 2 millones y medio de años atrás. Su apogeo, en tanto, había sido muchísimo tiempo antes: hace unos 40 millones de años, mientras no tuvieron competidores directos.

“Su característica principal era tener pseudo dientes o dientes falsos, que en realidad eran prolongaciones óseas en la punta del pico que los ayudaban a sostener el alimento”, describe Acosta Hospitaleche, y continúa: “No capturaban presas sumergidos bajo en el agua, como hacen los pingüinos, ya que su mandíbula no tenía fuerza suficiente para ejercer semejante presión. Lo hacían, en cambio, con un vuelo rasante, atrapando peces en la superficie”. Cabe destacar que en aquellos remotos tiempos el clima en la Antártida no era polar como en el presente. “De hecho no estaba cubierto de hielo e incluso había bosques, similar a las condiciones actuales de la provincia de Tierra del Fuego. Era más bien templado frío”, apunta.

Los estudios comparativos que dieron lugar a la presente publicación se realizaron en el Museo de La Plata principalmente con restos de picos y húmeros –huesos que permitieron medir las alas- hallados en campañas antárticas de hace tres años. También se utilizaron algunos materiales guardados en la colección en la última década y media.    

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