Los especialistas remarcan la importancia de entender las etiquetas de los alimentos que consumimos, y subrayan que, aunque un producto tenga envoltorio verde o sea de una marca relacionada con las bajas calorías, “eso no necesariamente implica que así lo sea”.
“La realidad es que muchos de esos atributos o adjetivos pueden ser usados de forma absoluta o comparativa. Son absolutos con respecto a los valores determinados en el Código Alimentario Argentino: por ejemplo, un alimento será bajo en grasas si tiene menos de tres gramos de grasas totales cada 100 gramos de producto, o será cero en grasas trans si tiene menos del cinco por ciento en el total de las grasas del producto”, explicó la licenciada Roa.
“Pero cuando el adjetivo es usado de manera comparativa, significa que dicha condición es respecto de otro alimento de iguales características. Así, un caldo de verduras reducido en sodio quiere decir que tiene menos sodio que el mismo caldo en su versión original, e inclusive a veces no necesariamente quiere decir que tenga en realidad poca sal”, aclaró.
Cuando se leen las etiquetas de los alimentos también se debe prestar atención al tamaño de la porción a la que hace referencia el envase y pensar si esa será la que se va a ingerir.
“Por ejemplo, en el caso de galletitas, si el paquete considera que tres unidades es la porción estándar y nosotros nos vamos a comer por lo menos seis, pues habrá que multiplicar por dos el aporte de todos los nutrientes”, remarcó la especialista.
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