Con la nostalgia y la emoción a flor de piel, y con un anfitrión contagiado de un espíritu festivo, unas cincuenta mil personas presenciaron anoche, en el Estadio Unico, el segundo y último recital que Paul McCartney ofreció en La Plata, en el marco del “One on One Tour”.
Fue otra noche mágica, con un viaje en el tiempo hacia los gloriosos ‘60, con aquellos hits inmortalizados por The Beatles, la banda que cambió para siempre la historia de la música contemporánea.
Y con un Paul que, a pesar de sus 73 años, sigue entregando todo y más arriba del escenario, en donde anoche, al igual que el martes, se metió a una multitud en el bolsillo con más de dos horas y media de un show sin pausa en el que hizo lo que había dicho que iba a hacer en esta gira: cantar lo que tenía ganas de cantar.
Con una lista de temas que prácticamente no tuvo modificaciones con respecto a su debut platense, el concierto comenzó a las 21.20, después de una amena previa con los argentinos “El Kuelgue” (19.15) y del interesante DJ Chris (20), quien durante casi una hora versionó temas beatles que no fueron cantados después por Paul, como el hitazo “Twist and Shout” con el que público se puso a bailar para darle pelea a los 10 grados que, para esa hora, reinaban en la Ciudad.
Gorritos, bufandas, pieles y guantes fueron los protagonistas de una velada en la que tampoco faltó el expendio de panchos y hamburguesas, muy a pesar de la sugerencia del anfitrión, confeso vegetariano.
“Buenos noches, Buenos Aires, estoy muy contento de estar acá de nuevo”, fue el saludo con el que el genio de Liverpool rompió el hielo de su esforzado y simpático español, un intento que se repitió durante todo el concierto, entre las explicaciones sobre el origen de algunas canciones, como la que hizo especialmente para Nancy, su esposa (“My Valentine”), la que escribió para Linda (“Maybe I’m Amazed”) y las que le dedicó a su “amigo” Lennon (“Here today”) y a su “compadre” Harrison (“Something”).
Desenvuelto, y cómplice con los fans, a quienes les tiró un “¿Qué onda, che?” -bien al tono con el “culiado” que se le escapó en Córdoba- y a quienes hasta acompañó en el piano con el clásico canto de aliento, Paul repitió la anécdota de los tres conejos, la única frase que aprendió en español cuando iba a la escuela. También les “movió la colita”, ganándose una ovación, y les gritó eufórico varias veces “¡fiesta! ¡Sí!”.
La banda de McCartney -integrada por “Wix” Wickens en teclados, Brian Ray en bajo y guitarra, Rusty Anderson en guitarra y Abe Laboriel Jr. en batería- volvió a demostrar anoche su solidez, sobre todo con los temas solistas de Macca, desde los ochenta hasta la actualidad.
Del repertorio ofrecido se destacó, al igual que el martes, “A Hard Day’s Night”, un título que Paul no incluía en sus giras desde The Beatles, y que, además, fue el elegido para abrir la velada. También incluyó rarezas como “Temporary Secretary” -experimento pionero del tecno pop, grabado en 1979-, “In Spite of all Danger” -la primera canción que grabó con Quarrymen- y “Love Me Do”, dedicada a su “segundo padre”, George Martin, fallecido recientemente.
Pero el furor se desató al promediar el espectáculo -en el que Sir Paul volvió a hacer gala de su calidad de multi instrumentista, tocando el bajo, intercambiándose guitarras acústicas y electrónicas, y variando entre dos pianos, además del ukelele- con una artillería de temas beatles como “Fool on the Hill”, “Lady Madonna”, “Eleanor Rigby”, “Mr. Kite”, “Ob-la-di-ob-la-da”, “Back in the USSR” y “Let it be”, para irse a los bises con una potente “Live and let die” (Wings), que incluyó fuegos artificiales, además de la más coreada de la noche, “Hey Jude”, con la ya clásica competencia de canto entre hombres y mujeres, propuesta por Paul.
Para el principio del final, eligió “Yesterday” y, antes de continuar, momento de fans: Leila -no era la nena del bajo-, Agostina, Shelly -una brasileña que se ganó algunos abucheos del público- y Lucía subieron al escenario, protagonizando el momento más divertido: enloquecidas, las chicas, le dijeron lo mucho que lo querían y Paul, que las abrazaba y saltaba con ellas, le pidió perdón a Nancy, su mujer, por la escena...
Después del recreo, siguió el show. “Jet”, “Birthday” y un enganchado entre “Golden slumbers”, “Carry that weight” y “The End” pusieron el broche de oro para una noche que quedará en la historia, no sólo de los que tuvieron la oportunidad de estar ahí, cara a cara con un mito viviente, sino de la Ciudad.
SUSCRIBITE a esta promo especial