WhatsApp, la aplicación de mensajería multiplataforma que usan cerca de 23 millones de personas en Argentina, es “una mediatización sobre cuyas consecuencias suelen delirar mucho más algunos teóricos profesionales que los propios usuarios”, con sus interacciones en grupos o chats con amigos, dice el semiólogo José Luis Fernández, investigador y titular de la cátedra Semiótica de las Mediatizaciones de la UBA. “Antes se decía que si los chicos miraban la serie Superman iban a salir a volar por la ventana, y no fue así”, ejemplificó el experto.
Son “casos extremos, como cuando se advierte que Facebook aísla a las personas”, agregó. Las interacciones de los usuarios en las redes son “propias de los vínculos de comunicación preexistentes”, y así “como hay personas que ocupan un determinado rol en un agrupamiento social también lo hacen en los grupos de WhatsApp”, aseguró.
Allí, los comentarios que se hacen “son parte de la reproducción de una forma de comunicación preexistente amplificada por la tecnología”, indicó por su parte, Pascual Calicchio, docente y asesor de la Comisión de Comunicación e Informática de la Cámara de Diputados.
No obstante, WhatsApp -que este martes lanzó una nueva aplicación de escritorio- brinda facilidades al funcionar como una “red comunitaria”, donde se comparte un territorio como el colegio o trabajo, explicó el semiólogo.
En el mundo hay más de mil millones de usuarios de este servicio de mensajería, y Argentina está entre los diez países que más usan la aplicación, según un informe difundido por la revista Forbes en septiembre del 2015.
“En WhatsApp podemos observar la facilitación de grupos según necesidades de corto alcance y la segmentación dentro de ellos”, remarcó Fernández. Pero la comodidad de llevarlo “en el bolsillo a través del celular”, genera un uso que a veces supera el fin por el cual el grupo fue creado.
En este sentido, hace apenas unos días el colegio Beth, del barrio porteño de Palermo, tuvo que crear un folleto con consejos sobre los grupos de WhatsApp destinados a padres de los estudiantes. En la publicación, difundida en redes sociales, se recomendaba: “Información sí, chismes no”; “No critiques al docente en el grupo”; o “No exageres con los emoticones”.
“No se trata de culpar a WhatsApp sino, como mucho, a la articulación entre la herramienta y el grupo”, consideró Fernández.
“El problema no es de la red, sino del vínculo”, aclaró el semiólogo y recordó que “cuando se usaban los contestadores telefónicos y uno llamaba a un amigo por un tema que lo había enojado, también le dejaba un mensaje”.
Esa voz vuelve a tener lugar hoy en WhatsApp, que trascendió el mensaje escrito y recuperó los sonidos, explicó y consideró que “no se trata de conversaciones telefónicas como las de antes, sino más bien de publicaciones”, como una suerte de monólogo.
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