CAROL, de Todd Haynes.- Es una obra maestra. Encantadora, elegante, sutil y envolvente. Cuenta una historia de amor con los recursos más nobles del melodrama de los años cincuenta. Tiene dos actrices formidables, una trama bien armada, una mirada diáfana y una puesta en escena intensa y delicada que alcanza a enaltecer con alta dosis de romanticismo este gesto de desafiante rebeldía en los puritanos años 50.
Carol y Therese son dos mujeres de distinto mundo. Carol vive un matrimonio infeliz con un millonario. Es lesbiana y lo admite. Therese es más joven, trabaja en una tienda en Manhattan y tiene un novio que la aburre. El destino se encargará de darle espesura emotiva y fatalismo, como buen melodrama, a los vaivenes de un amor que es mucho más que un desafío.
Todd Haynes, que ya nos había deslumbrado con “Lejos del paraíso”, aquí vuelve a otra crisis matrimonial y vuelve a los años 50. Su mirada, profunda y poética, va más allá de la reconstrucción de época. Todo es verdad. La atmósfera, los miedos, las palabras, el sexo. Haynes retrata con mano maestra y enorme sutileza los avatares de una relación que debe enfrentar prejuicios, dudas, un divorcio muy traumático y un afuera que ahoga y pide explicaciones a cada paso.
Delicadeza, intensidad y buen gusto son atributos de este film bello y sensible y que no ha descuidado nada. Pocas veces dos actrices, sin necesidad de recurrir al histrionismo y sin exagerar nada, construyen desde adentro una pareja rebelde y valiente.
La Blanchett es a esta altura una de las mejores actrices del mundo. Su sola presencia le da fuerza y señorío a cada uno de sus personajes. Ella contrasta con la dulzura y las dudas de una Rooney Mara que, con esa media sonrisa que acompaña a sus ojos, marca la fuerza, la sorpresa y el temor de una pasión que no quiere callarse.
(*****EXCELENTE)
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