La salud en crisis
El Dr. Eduardo Martiarena indica: “Un sistema que se precia de humanista es altamente dependiente de los recursos humanos. Entonces, cuidemos lo importante. Hoy el sistema de salud nos está agobiando, quebrando, aplastando, matando. Tenemos un trabajo altamente demandante en cuanto al compromiso emocional y a la capacitación permanente. Si condimentamos esto con el pluriempleo, la violencia, la carencia de recursos, bajos ingresos, la judicialización, la fragmentación legal y de financiamiento, la ineficiencia del sistema; llegamos de esta manera al tan conocido estrés crónico ‘”que nos Quema’. Hoy los trabajadores de la salud no tenemos salud. En la reconstrucción del sistema de salud tenemos un doble derecho y una obligación: el derecho que tiene cualquier trabajador de reclamar condiciones dignas e ingresos justos, y el derecho de cualquier ciudadano de acceder a un sistema de salud de calidad siglo XXI. Y la obligación vocacional con la salud pública y el bien común. Conocedores de la enfermedad terminal del sistema, y de su tratamiento, en Unión Salud tenemos el deber de reclamar participación en las decisiones de políticas sanitarias. Siempre estuvimos comprometidos, queremos que nos escuchen”.
Derecho a la identidad
Graciela Palma Arizaga dice: “Hoy, en pleno siglo XXI, quienes nacimos y fuimos entregados ilegalmente y anotados como hijos propios somos excluidos de nuestro Derecho a la Identidad. Este derecho se le reconoce a los adoptados y a los nacidos por las técnicas de fertilización asistida. A nosotros nos esquivan. Somos el producto de una práctica social aceptada de muchísimos años: hablar con las parteras, recorrer Parroquias, hospitales diciendo que, si les quedaba algún bebé lo ‘adoptarían’. Se suele usar mucho la palabra adoptar pero lo que relato no lo es. Lo que relato son apropiaciones. Fuimos entregados de manera ilegal y recibidos de igual forma por eso nuestros datos en la partida de nacimiento y en el DNI son falsos, todo cambiado. Esto no significa que hayamos sido todos robados.Se sabía que estaba mal pero se hacía porque todos lo hacían y el Estado nunca estuvo cuidando que la identidad de los bebés no fuese vulnerada. Se calcula que alrededor de 3 millones de ciudadanos tenemos sustitución de identidad”.
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