T ras un mes de ocupar el centro del debate político, el presidente Mauricio Macri logró un respiro con el veto de la ley antidespidos.
Incluso, la decisión alcanza la dimensión de un triunfo del oficialismo que, de esta manera, dio por tierra con las expectativas de la oposición, del FpV, del renovador Sergio Massa y, en igual dirección, sobre la multitudinaria movilización de las CGT y las CTA que intentaron cambiar la agenda, discutiendo un tema que no era prioritario.
Es claro que se acunaron otros objetivos, distintos a los declarados.
El oficialismo, por default o azar ha logrado aprovechar a su favor esta atomización de la oposición
El veto, en definitiva una decisión política, se constituye en la noticia económica de la última semana. La ley está condenada a no aplicarse y difícilmente la oposición logre consenso e insista en el Congreso.
DESGASTE
Con el paso de las semanas, el desbande del peronismo y el núcleo duro del FpV no logran dar pasos firmes que les permitan reorganizar las fuerzas y votos formales que disponen en el Parlamento.
El desgaste de 12 años de gobierno con los Kirchner, el sinceramiento de una herencia desbastadora, los escasos talentos políticos, adicional a la enorme cantidad de casos de corrupción y vandalismo de los recursos estatales son un lastre difícil de superar.
El peronismo renovador tampoco parece encontrar un punto medio para reagrupar fuerzas.
El oficialismo, por default o azar ha logrado aprovechar a su favor esta atomización de la oposición.
De esta manera, la agenda económica parece más despejada, al menos en cuando a los esfuerzos oficiales para encaminarla hacia determinados objetivos.
Aunque los riesgos y dificultades con la inflación, la caída del consumo y el humor social siguen presentes y sin un horizonte claro de salida.
La administración macrista comenzó atacando cuatro de los problemas económicos más urgentes, obteniendo avances importantes: con el cepo cambiario, el desequilibrio fiscal, el enorme circulante de pesos y el default con los acreedores.
CONDICIONANTES
Pero el gradualismo y los condicionantes políticos y sociales complicaron la reducción del rojo fiscal, y la inflación está renovando el riesgo de atraso cambiario.
El sinceramiento de precios y tarifas no terminan de resolver el financiamiento de los subsidios, por lo cual el Tesoro tendrá que acudir a más endeudamiento de lo previsto.
Los números fiscales, en definitiva, van y vienen en función de las urgencias políticas y se acomodan a cierta heterodoxia no exenta de dificultades.
Al parecer, el Gobierno no ha declinado de su objetivo prioritario de bajar la inflación, aunque frente a los problemas presupuestarios acepta que ese descenso ocurra de manera más lenta a lo deseado.
En lo que respecta a ampliar las fuentes de financiamiento, ahora se imagina la herramienta del blanqueo de capitales como alternativa, lo que abriría una salida, aunque gradual, a la meseta en el nivel de actividad.
En este escenario económico que imagina el Gobierno, no se vislumbran herramientas que le permitan impedir una profundización del deterioro del tipo de cambio
La obra pública, ausente casi todo el año anterior y en lo que va del 2016, tendría fuentes presupuestarias y contribuiría a incrementar la demanda, el empleo en la construcción e impedir que el consumo siga perdiendo terreno.
En este escenario económico que imagina el Gobierno, no se vislumbran herramientas que le permitan impedir una profundización del deterioro del tipo de cambio.
La perspectiva de un retraso cambiario potencia otros riesgos.
¿Cómo incentivar las inversiones con retraso cambiario?
Y la industria, ¿cómo podría sortear su falta de competitividad?.
El diferencial es tan importante, así como la desindustrialización de los últimos años que la importación tendría un impacto desbastador, en especial si con la baja de la inflación se recuperara el consumo.
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