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Armando la Superliga

Armando la Superliga

Por Redacción

Por EZEQUIEL FERNANDEZ MOORES

Un dirigente dijo que el mejor modelo era la Premier League. Otro se pronunció por la Bundesliga. Casi todos habían escuchado antes la exposición de Javier Tebas, el presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP) de España. El hombre, un abogado de 53 años nacido en Costa Rica, volvió rápido hacia Madrid, acaso algo asustado de las internas del gran debate en la AFA. Guste o no, la Liga ya es una realidad cada vez más concreta en nuestro fútbol. Eso sí, bien argentino, bien a lo grande, la llamamos Super Liga. Tendremos pues Super Barras, Super Estadios, Super Equipos, Super Jugadores, Super Entrenadores y –Dios quiera- Super Fútbol. Para estar a la altura de lo que se viene.

No es lo mismo una Liga que otra. Los ingleses eligieron el modelo más elitista, boletos de precios carísimos, TV toda de pago y una City financiera cuyos controles abren generosamente las puertas a magnates de todo el mundo. Los alemanes, se sabe, tienen el modelo más equitativo en las ligas top, al punto que reparten de modo igualitario los dineros de la TV hasta en un 65 por ciento. El 35 restante se fija según mérito deportivo. El sistema solidario, sin embargo, suscita protestas cada vez más duras de los clubes más grandes. Sucede que Alemania, a diferencia de casi todos, no distribuye porcentajes del dinero según “valor de mercado”. Es decir, no toma en cuenta si un equipo es más popular, tiene más rating de TV, más socios y más taquilla, un punto que, obvio, sirve para darle más dinero a los clubes grandes. “Ya tienen suficiente ventaja y reciben más dinero con su marketing, con el hecho natural de que son clubes grandes y más populares. Además –me dice un colega alemán- ¿cómo medir el rating sin tomar en cuenta la hora, la pantalla, el día y otros puntos?”. Si Boca o River, como se supone, tendrán siempre mejor pantalla, día y horario, no habrá modo de competirles en ese rubro.

Un claro ejemplo de esa ventaja se da en España. Barcelona firmó el viernes pasado un nuevo y millonario contrato con Nike de 155 millones de euros. ¿Hace falta decir que un club más modesto como el Eibar jamás podría firmar un contrato que se acerque acaso a la décima parte de esa cifra? La Liga Española, después de años de fuerte desigualdad, cambió (por decreto del gobierno, no por decisión propia) el sistema de repartición que daba casi el cincuenta por ciento del dinero de la TV a Real Madrid y a Barcelona. A partir de la próxima temporada, la repartición será aún más igualitaria. Barcelona ya establece diferencias con Atlético Madrid (tercer club más poderoso) en su presupuesto general, que es cuatro veces mayor. Son 450 millones de euros de diferencia por año. En dos años, esa diferencia llega a casi mil millones. ¿Hace falta seguir haciendo cuentas? Por eso, más allá de si juega lindo o feo, el hecho de que el Atlético del Cholo Simeone compita de igual a igual contra Barcelona y Real Madrid es una hazaña. ¿Es esa la Liga modelo que le gustaría implementar al fútbol argentino?

Barcelona ya establece diferencias con Atlético Madrid (tercer club más poderoso) en su presupuesto general, que es cuatro veces mayor. Son 450 millones de euros de diferencia por año

La Liga, sabemos, va por un lado. Y la Federación por otro. En Inglaterra, la Federación es poco menos que un sello. Su selección cayó eliminada por Costa Rica en primera rueda del último Mundial. No hay modo de que la Federación imponga mayores rigores a los patrones foráneos de clubes a que trabajen más en la formación de jugadores nativos antes de gastar fortunas en cracks de otros países. En España, Federación y Liga no sólo tienen caminos distintos, sino que, además, están fuertemente peleadas. Sucede que, a diferencia de Inglaterra, España tiene una Federación más fuerte. Angel Villar es casi como un Julio Grondona español. Lleva más de 28 años en el cargo. Parecía con un pie afuera por los escándalos de corrupción, pero hoy es presidente interino de la UEFA. Como hombre fuerte aún en la nueva FIFA, ayuda a frenar desde allí la posibilidad de que los Fondos de Inversión sean aceptados como dueños de clubes o jugadores. Es un modelo que comenzó a circular en España, impulsado por nuestro visitante Tebas. El argumento es que así, con esos recursos, los clubes más chicos, y con problemas para obtener recursos, pueden atenuar al menos algo su diferencia con los más grandes. Puede ser cierto. Si Barcelona o Real Madrid suben la cotización de un jugador a 80 millones de euros, los otros deberán seguir el ritmo. Todos detrás de la locura inflacionaria.

Tebas asegura que la Liga española ya está a la par que la Bundesliga. Y que le faltan 2.000 millones de euros para igualar a la Premier League. Por eso le interesa el espectáculo. Y reacciona enojado cuando desde algún lado se le hace ver que el fútbol también es algo más que la pelota que rueda. Sucedió con la final de Copa del Rey que Barcelona ganó el domingo a Sevilla. Tebas apoyó una decisión inicial del gobierno español de prohibir a los hinchas de Barcelona que fueran al estadio con esteladas (banderas de independentismo catalán). “Símbolos que van para la destrucción de España”, calificó Tebas a las esteladas. Unos meses antes las había equiparado con símbolos nazis. La prensa catalana le recordó su pasado como miembro de Fuerza Nueva, un partido de la ultraderecha de España. El viernes pasado, la LFP de Tebas entregó premios mensuales y distinguió a Zinedine Zidane como el DT del mes. Luis Enrique ni siquiera fue distinguido el año pasado, cuando ganó Liga y Copa juntas. Ahora bicampeón de Liga y de Copa, jamás fue reconocido DT del mes. Peor aún, tampoco hubo reconocimiento para Luis Suárez, goleador máximo con 40 tantos. En casi dos años, apenas dos jugadores del Barca (Messi y Neymar) fueron elegidos “jugador de mes”. ¿Hace falta decir que Tebas es de Real Madrid y que Florentino Pérez es su máximo sostén en la LFP?

No hay modelos ideales. En su gira latinoamericana, Tebas dijo que la Liga mexicana era la séptima del mundo. La misma Liga en la que el domingo definieron una semifinal dos equipos que pertenecen a un mismo dueño. Es el magnate Carlos Slim que, como además, tiene negocios de TV, impone también su propio interés para decidir quién podrá ver a sus equipos. La Liga MX de México es una de las pocas que todavía mantiene el sistema de multipropiedad. ¿Nos imaginamos acaso posible aquí que el Grupo Clarín sea dueño de Boca y de Lanús al mismo tiempo? ¿Podemos copiar modelos externos que toman a los clubes como franquicias cuando acá los clubes siguen siendo asociaciones civiles que incluyen a otros deportes con miles de socios y vínculos con escuelas de su comunidad? ¿Y si se aceptara aquí el sistema de Clubes SA estaría bien permitir que compitieran con clubes que son asociaciones civiles? Las preguntas son muchas. Tantas que, a los enemigos de cualquier cambio, les servirían de excusa magnífica para mantener un status quo que no da más. El mismo día que Tebas ilustraba a la dirigencia argentina sobre la Liga española San Lorenzo decía que no podía jugar en su estadio por una viga deteriorada. La barra de Vélez apareció diciendo “acá no juegan”. Historias de la Super Liga modelo argentino.

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