Una nota publicada en este diario, que refleja los testimonios vecinales acerca del mal estado de conservación que presentan las calles en los distintos barrios de la Ciudad, cada día más intransitables por los enormes baches que las convierten en verdaderas pistas de obstáculos, deja en claro que la estructura vial de la periferia se encuentra en crisis, cercana a un verdadero colapso.
Pavimentos surcados por rajaduras, hundimientos, pozos de grandes dimensiones, al punto de que ya resulta imposible esquivarlos pues el automovilista encontrará otros baches al hacer las maniobras, forman parte de un panorama que se vino agravando en los últimos años. Las quejas de los conductores se multiplican exponencialmente, pero las calles se ven cada vez más deterioradas y casi intransitables.
Desde las localidades de la periferia platense, donde las mejoras de asfalto se han hecho esperar mucho más que en el ejido urbano, los reclamos por la falta de mantenimiento del pavimento son permanentes. Pero también se advierte el descuido de las calles de los barrios del casco fundacional y hasta en zonas del microcentro, expuestas al continuo tránsito de coches y colectivos, que por su elevado movimiento requerirían de una atención especial. El informe publicado dio una extensa lista de calzadas que reclaman urgentes tareas de bacheado, cuando no de repavimentación completa.
Las razones por las cuales los pavimentos se estropean son varias (desde climáticas, por las lluvias excesivas, hasta del deterioro progresivo por el correr del tiempo), pero en gran parte de los lugares de donde provienen los reclamos se trata de zonas con una gran circulación de tránsito pesado y en esas circunstancias sólo se conserva el buen estado de la calzada con tareas de mantenimiento permanentes.
Se ha dicho en esta columna que este contexto local, ciertamente negativo, es el mismo que caracteriza a la provincia de Buenos Aires y al gran parte del resto del país, que sufren una especie de colapso de su red de rutas y calles.
Fuentes oficiales han reconocido últimamente que más del 70 del diagrama vial necesita urgentes trabajos de refacción y aún de reconstrucción, en un marco de escasez de recursos para financiar las obras, mientras crecen los reclamos vinculados a las dificultades que esa situación genera para el transporte de la producción agropecuaria hacia los centros de exportación o de consumo, y mucho más grave todavía, con relación a los riesgos de graves accidentes que generan en todos los distritos las calles poceadas cuando no virtualmente destruidas.
No han faltado tampoco alertas y reclamos formulados por especialistas en el tema, quienes no dejaron de aludir a las inversiones cada vez más costosas que implicará revertir el deterioro que sufren caminos, calles y rutas. Se extrañan, asimismo, los grandes planes de infraestructura vial que debieran impulsarse para renovar un diagrama totalmente obsoleto.
Desde luego que dista de ser éste un problema de los últimos tiempos. Pero no debiera aguardarse más, desde las áreas responsables de todas las jurisdicciones involucradas, para iniciar los planes que apunten a rescatar la existencia de diagramas camineros confiables.
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