Saltar desde el fútbol argentino al europeo a finales de los años ‘50 no era una cuestión tan común como hoy en día. Sólo los tocados por algún don o calidad especial tenían esa posibilidad. Y un joven Diego Bayo tuvo la chance de concretar el sueño de muchos, por los dotes que le vieron jugando con gran personalidad a los 20 años en la Primera de Gimnasia. Así lo recordó Paco en charla mano a mano con este diario:
- ¿Cómo se concretó el salto al Celta de Vigo?
- Yo no lo esperaba en absoluto, porque no eran muchos los que se iban. El que estaba más cerca de irse al fútbol europeo era Enrique Omar Sívori, de hecho después se hace su pase a la Juventus de Italia, que pagó una suma impresionante, 10 millones de dólares, una locura para la época. Con esa plata River hizo la tribuna que le faltaba para completar el Monumental, la que daba al río. Allí el empresario Féliz Latrónico, que había hecho la operación de Sívori, me lleva a mí para España, con solo 21 años. Dieron el consentimiento mis padres y en enero de 1959 fui al Celta. Jugué los partidos que faltaban para terminar la segunda rueda y firmé contrato por dos años más. Fue una muy buena experiencia, yo no había salido de familia rica, así que tan joven llegar a Europa fue algo muy fuerte. Cuando bajé en el Aeropuerto de Barajas, en Madrid, miraba todo porque casi no entendía cómo había llegado a ese lugar y con un contrato tremendamente superior a cualquiera de Argentina. Ahí llegó el Tanque Rojas, con quien empezó una amistad. Se dieron muchas cosas, en las vacaciones volví a Argentina a casarme con mi señora y después en Vigo nació Susana, mi primera hija.
- ¿De qué manera se concretó, tras el periplo por España, el regreso a Gimnasia?
- El Toto Lorenzo, en mi segundo año en Celta, era el técnico del Atlético de Madrid y cuando jugamos contra ellos les hice un gol. Poco después, me pidió como refuerzo y en el club no quisieron venderme, porque yo venía teniendo un buen rendimiento y le pegaba bastante bien, lo digo sin pedantería, pero tenía una buena zurda. Ellos querían que me quedara para que el equipo vuelva a Primera, tuve una racha buena de goles, en algunos partidos hice de a tres goles, aunque no me dieron la pelota de regalo como se hace ahora (sonríe). Tiempo después, el Atlético vuelve a buscarme y como el Celta me vuelve a negar, no jugué más, hice las valijas y me volví. Quizás me equivoqué, pero yo lo sentí así en ese momento.
- ¿Entonces ahí lo llaman desde el club?
- En ese interín se entera Gimnasia, también San Lorenzo y Estudiantes de La Plata. Me llamó don Mariano Mangano, le agradecí con mucho respeto pero le dije que no, porque yo soy gimnasista, tripero de toda la vida, pero ojo, se lo dije con un gran respeto por Estudiantes. Gimnasia me llama y se concreta el pase, con Durán como presidente y González en el departamento de fútbol, incluso arreglaron todo con el presidente del Celta. Regreso al club en 1961, con la dirección técnica de don Enrique Fernández Viola. Ese año tuve la suerte de marcar 21 goles y anduve bien.
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