Los gallos que terminan muy lastimados por las riñas, no siempre pueden volver al combate. Pero igual siguen teniendo valor: “Si no pueden pelear, sirven para reproducir”, mencionó un informante a EL DIA.
La misma fuente destacó los esfuerzos que se hacen para obtener razas más fuertes y competitivas: “No todas las especies tienen las mismas características. Los gallos brasileños, por ejemplo, son más altos. Los españoles tienen púas más grandes y los asiáticos patas más gruesas. Por eso los cruzan en la búsqueda de sacar un ejemplar que pueda reunir todas esas condiciones. Hay algunos que llegan a medir 70 centímetros”.
Con respecto a la alimentación, el vocero explicó que “no sólo es en base a maíz. También le dan hueso molido, que es el que se extrae de las sierras de las carnicerías. Comen de eso en una especie de albóndiga, y, cuando los gallos perciben que hay sangre cerca, se vuelven locos”.
También es muy cruel la forma de entrenamiento.
“A veces los gallos están tranquilos en las jaulas, medio dormidos, y les pegan cachetazos a las rejas para que se alteren. O ponen dos jaulas juntas, cosa que les cae mal, y hasta los chumban con una correa, sin que se lleguen a cruzar”, finalizó.
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