El presidente interino de Brasil, Michel Temer, anunció ayer las primeras medidas para reactivar la deprimida economía del país y criticó las “agresiones psicológicas” de las que afirma ser víctima desde que asumió el cargo. Temer, quien llegó al poder el 12 de mayo tras la suspensión de Dilma Rousseff a la espera de su juicio político en el Congreso, busca dar un rumbo firme a su gestión. Entre los planes del gobierno está la anticipación del pago de una deuda del Banco de Desarrollo al Tesoro Nacional y una reforma constitucional para poner un techo al gasto público. La administración interina ya había anticipado el viernes que Brasil tendrá este año un enorme déficit primario, muy superior al previsto por Dilma. El déficit fue estimado en 163,942 millones de reales (unos US$ 46,800 millones), contra 96,000 millones de reales (unos US$ 27,000 millones) calculados por el gobierno de Rousseff. De concretarse esta previsión, será el tercer año consecutivo en el que el país termine con un rojo fiscal, mientras va hacia su peor recesión en un siglo. Con alta inflación y desempleo, el PBI de Brasil cayó 3.8% en 2015, mientras proyecta una contracción similar en 2016 y crecimiento cero para 2017.
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